Desde que tengo uso de razón fantaseaba con la idea de ser madre. Tenía muy claro que mi vida pasaría por serlo y que, por supuesto, amamantaría a mis bebés.

Durante el embarazo no busqué información. Tampoco me informaron de los posibles problemas que podría llegar a tener y, ni muchos menos, de cómo solventarlos. Confiaba plenamente en que la lactancia era algo sumamente natural e instintivo como parir y que no me tendría que suceder nada malo. Pensaba: millones de mujeres lo han hecho antes que yo. La especie humana no existiría si fuese complicado parir y dar de mamar.

Pues resulta que, en lo que a la lactancia se refiere, yo gané todos los boletos para que me sucediese casi todo lo que está contemplado como problemas con la lactancia materna.

En el 2010 mi primera hija nació y, sin tener ni idea de cómo funciona la lactancia más allá de que es a demanda, me lancé muy confiada en mis capacidades mamíferas.

Desde el primer día era doloroso amamantar y ese dolor se convirtió en grietas, y en una bebé que solo quería mamar y mamar, y una suegra que no hacía más que manifestar una evidencia: mi hija tenía hambre.

¿Y qué decir de esas frases que tenemos que oír las madres  que a veces tanto daño nos hacen?  Seguramente esas personas lo hacen con toda su buena intención pero, lejos de ayudar,  pueden llegar a hundirnos más y hacernos perder nuestra capacidad de confianza y autoestima. Como sociedad debemos hacer un ejercicio de reflexión ante estas frases que tanto estigmatizan, del tipo:

“Así no lo estás haciendo bien”
“¿Otra vez con la teta fuera?”
“Lo mismo tu leche no es  buena”
“Deberías abandonar si te duele tanto”
“Cómo sabes que está comiendo, yo le veo muy delgada?”
“¿Y no usa chupete? Así te tiene todo el día”
“No pasa nada si de las biberón, se crían igual”
“Tú tomaste y no estás tan mal”
“Si no puede ser pues no puede ser”, “Es mejor que tú estés bien”.

En mi caso, la respuesta a todas esas frases fue “yo quiero y deseo dar de mamar y lo voy a luchar y pelear hasta mi último recurso”.

Yo quiero dar de mamar
El posparto es un momento muy duro a nivel físico y psicológico y, eso, yendo todo medianamente bien. Imaginaos cuando algo, será lo que sea, no va como se espera que vaya. Es por ello que lo que más necesitamos del otro, sea quien sea; familiar, una amistad, alguien desconocido, personal sanitario… es empatía y comprensión. Necesitamos apoyo desde la escucha. Necesitamos sentirnos acogidas desde esa dulce mirada observando cómo amamanto. Estamos en un momento muy vulnerable de nuestra vida y lo que necesitamos  oír son palabras de aliento y refuerzo positivo.

Además, cuando la lactancia se complica, ya que a veces puede llegar a tener un sinfín de dificultades, me puedes contar que existen grupos de apoyo a la lactancia (en especial alguno que tú conozcas). Puedes, quizás, recomendarme desde tus conocimientos sobre lactancia, una matrona o asesora experta en lactancia que me pueda ayudar en este momento tan sensible.

Volviendo a mi experiencia personal, por desgracia, los típicos problemas de lactancia se iban sucediendo uno tras otro. Las grietas eran un claro ejemplo de un mal agarre, y es que mi pequeña solo cogía el pezón y abría muy poco la boca, pero nadie me dijo que estuviese mal, (me daban pomadas para echarme en los pezones para que curasen y listo), y que fácil se hubiese solucionado si alguien me hubiera dicho como colocar correctamente el cuerpo de la niña y la importancia de un agarre profundo permitiendo que se active previamente el reflejo de búsqueda colocando el pezón en el filtrum (es el surco subnasal, está debajo de la nariz y encima del labio superior), a las madres le suelo decir que posen el pezón en el bigote del bebé para que me entiendan mejor y esperen a que se desplieguen los reflejos de búsqueda del bebé, estos comienzan a cabecear hacia adelante y atrás y los lados abriendo la boca más grande de lo que lo hacen habitualmente, también les comento que permitan que coja más areola por la parte de abajo para que puedan hacer lo que llamamos un agarre asimétrico y en muchos casos la postura de crianza biológica y cambiar de posturas nos suele ayudar mucho. (Si los problemas de grietas y dolor persistiesen habría que valorar la movilidad de la lengua para ver si puede haber restricciones de movimiento debido a un frenillo sublingual limitante).

Una solución muy eficaz es la técnica de presión inversa suavizante
El tercer día después de dar a luz se produjo la subida de la leche con su consecuente ingurgitación mamaria (en mi caso particular), y mi hija era incapaz de engancharse ya que era lo más parecido a intentar succionar de un globo hinchado. Pero una solución muy eficaz es la técnica de presión inversa suavizante, que consiste en realizar una presión hacia dentro con los dedos sobre la areola que permite drenar el edema hacia atrás y hacia adentro para que el bebé puede engancharse con más facilidad, también el uso de la berza es un recurso maravilloso, tras lavar y romper con los nervios con un rodillo o similar, colocamos la berza en cada pecho, y la arcilla verde también es de gran ayuda en estos casos, también podemos hacer una extracción manual para vaciar un poco el pecho y esté más blandito para que el bebé se pueda agarrar. Durante estos días que no conseguí darle pecho de manera directa por desconocimiento de esta técnica, tuve que dar leche de fórmula cosa que me dolía en el alma pero no me quedaba otra ya que no estaba cogiendo peso y corríamos el riesgo de que hiciese una hipoglucemia, así que me hacia extracciones y le iba dando lo poco que iba sacando hasta que conseguí hacer tomas directas y retirar paulatinamente la fórmula.

Más adelante las mastitis hacían acto de presencia, y una perla que derivó en una herida que no curaba pasados los meses, yo pensaba: madre mía sí que es difícil esto de la lactancia materna, pero si algo me caracteriza es mi perseverancia en conseguir mi objetivo de no abandonar pese a las dificultades, una vez más mi hija rechazaba el pecho y bajaba de peso y mi pediatra me volvió a recomendar leche de fórmula, y justo en este punto di con la Liga de la Leche y fue mi salvación y respuesta a todo lo que me había sucedido hasta ese momento, tras corregir postura y agarre, un antibiograma y antibiótico todo se encauzo y mi lactancia por fin era placentera y satisfactoria.

He aprendido a no juzgar
Todo este periplo fue el que me llevó a formarme como asesora de lactancia, profesión que desempeño desde hace 10 años y que amo. He acompañado a cientos de familias y si algo he aprendido es a no juzgar. No sabemos las circunstancias que han llevado a esa madre a dar biberón, así que por favor, no juzguemos sin saber. Vivimos en una sociedad que promociona la lactancia materna y muchas mujeres se ven forzadas a dar el pecho cuando realmente no quieren. Debemos de respetar también esa decisión. Por otra parte, debemos además ser conscientes de que sigue existiendo una carencia formativa por parte de las instituciones hacia los profesionales sanitarios en tema de lactancia materna y esta carencia lleva a algunas mujeres a un abandono no deseado. Decida lo que decida la mujer o familia, que sea desde una decisión consciente e informada. Es muy doloroso ver a una madre que quiso y no pudo. Genera un tremendo daño emocional, ya que el acto de alimentar a nuestros bebés va más allá de una mera función nutritiva, es también un acto de amor, de vinculación y placer mutuo. Por este motivo, alentamos a las madres que optan por la lactancia artificial (o que no pudieron dar el pecho por el motivo que fuese) a dar el biberón de la misma manera que el pecho con un contacto piel con piel e intercambio de posturas, y sobre todo miradas, esa mirada de amor que toda madre tiene hacia su bebé.

Eneka Basabe, asesora de lactancia

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