Salud mental infanto-juvenil en cifras

Los trastornos mentales en la población infanto-juvenil se han triplicado con la pandemia. Afectan al 4% de niños y adolescentes de entre 4 y 14 años, mientras que en 2017 afectaban solo al 1,1%.

Si hablamos solo de población adolescente la OMS estima que, a nivel mundial, entre el 10% y el 20% de las personas en este segmento de edad experimentan trastornos mentales, pero estos no se diagnostican ni se tratan adecuadamente2.

Nuestro actual sistema sanitario está desbordado y no está dando una respuesta adecuada a esta problemática por falta de recursos. El año pasado, el presidente del Gobierno anunció en el mes de octubre un plan de acción sobre salud mental, en el que se pretende incorporar la especialidad de psiquiatría infantil y adolescente3, lo que demuestra esta falta de recursos en el momento presente.

Momento, en el que según la Asociación Española de Pediatría, las urgencias psiquiátricas han subido un 50% desde otoño de 2020 en la población infanto-juvenil (siendo este aumento más notable en la población adolescente).

Según la entrevista que la psiquiatra Azucena Díez concedió a la cadena SER el pasado verano, las hospitalizaciones de menores de edad por problemas psiquiátricos en la clínica Universidad de Navarra se han multiplicado por cuatro. Entrando más en detalle, casos como los trastornos de la conducta alimentaria se han multiplicado por dos, problemática que afecta especialmente a las chicas, en una relación de diez a uno frente a los chicos.

ETAPA ADOLESCENTE

Hay varias etapas clave en el desarrollo de una persona, y la adolescencia es una de ellas. En la adolescencia se dan cambios hormonales que afectan a los patrones de sueño, a la conducta y al estado de ánimo entre otros. Mientras todas estas alteraciones están teniendo lugar, la persona adolescente se encuentra en una encrucijada en la que está comenzando a descubrir su identidad.

Si no se tienen referentes, modelos a imitar con conductas ejemplares, si no hay un norte al que dirigirse, esa búsqueda puede conducir a querer amoldarse a un determinado grupo o colectivo, que no tiene por qué siempre resultar beneficioso. Y aquí surge la problemática de la gran influencia que están teniendo las redes sociales.

Las redes sociales exponen un modelo basado en el narcisismo y el físico; la imagen es lo que cuenta. No es de extrañar que los trastornos de la conducta alimentaria hayan aumentado, y que debido a la presión social que se ejerce de forma desigual hacia la mujer, esta problemática afecte más al género femenino. En realidad, las redes sociales son un medio muy tóxico para cerebros que están madurando, porque están intencionadamente diseñadas para ser usadas compulsivamente y crear adicción reforzando el circuito dopaminérgico. Esto lo consiguen de formas muy diversas, algo que se explica muy bien en el documental del año 2020 “El dilema de las redes sociales”.

Por si esto fuera poco, preponderantemente fomentan y exponen sólo una parte de la realidad. Están dominadas por la tiranía de la felicidad, cuando la felicidad se experimenta en realidad en momentos puntuales.

Cuando una persona adolescente está viviendo momentos convulsos por esa revolución hormonal que está ocurriendo en su interior, y por la situación de la pandemia es más proclive a sentir momentos de tristeza, de apatía o de malestar. Si compara su estado con la aparente felicidad que aparece en las redes sociales, la sensación de malestar puede agravarse, empeorar y llegar a provocar depresión, que de no tratarse a tiempo, puede tener graves consecuencias.

Como hemos visto al inicio del artículo, estamos viendo un aumento de ingresos psiquiátricos en la población adolescente. Las causas de este fenómeno son múltiples, pero no podemos dejar de observar que, durante la pandemia, el uso de Internet en la población infantil y juvenil aumentó un 180 % en relación al 60% que aumentó en la población adulta. Gran parte de ese consumo de Internet, además de para fines educativos, fue para usar las redes sociales, ver vídeos en línea, y jugar a videojuegos

Sin querer hablar de una relación de causalidad, si debemos de prestar atención a este dato.

En el mundo de internet hay otras amenazas también; el ciberacoso es una de las más peligrosas. Según “Save The Children” hay tres formas de ciberacoso comunes en menores en los últimos años:

  • El Grooming: Sucede cuando una persona adulta se hace pasar por menor de edad.
  • El Happy slapping: Ocurre cuando se graban agresiones físicas, verbales o sexuales a menores y se difunden a través de Internet.
  • El Sexting sin consentimiento: Surge cuando se envían fotografías o conversaciones con contenido erótico a terceras personas sin el consentimiento del menor.

Y debemos ser conscientes de que esto existe porque es alarmante en la proporción en la que se da. Según una encuesta realizada por “Save The Children” en el año 2019 a 400 personas, el 47% había sufrido violencia online durante la infancia6.

PALIAR O PREVENIR

Y volvemos a los trastornos mentales. Todo lo mencionado anteriormente impacta de forma negativa en la salud mental del menor.

Bizkaia inauguró el pasado mes de octubre un nuevo hospital de día psiquiátrico infanto-juvenil con 15 plazas. Los recursos una vez que el problema ya está encima de la mesa son necesarios, y la inauguración de este hospital es una muy buena noticia, pero tenemos que trabajar, no solo paliando el problema, sino previniendo el problema, algo que evitará mucho sufrimiento presente y futuro a las familias.

Cuando no se abordan los trastornos mentales en la adolescencia, o se dejan y se agravan, las consecuencias se extienden hasta la etapa adulta, y afectan tanto a la salud física, como a la mental, y limita las oportunidades de llevar una vida adulta satisfactoria

Cualquier progenitor desea que su hija o su hijo sea una persona independiente en el futuro, y que tenga las mayores probabilidades de llevar una vida plena.

Con ese objetivo en mente podemos caer en la tentación de centramos demasiado en el currículum académico pensando que es lo único que puede dar oportunidades al futuro de nuestros retoños. En el camino, no obstante, hay muchos más aspectos esenciales para llegar a ese fin. Prestar atención a la salud mental de nuestra descendencia es clave. Como dice el refrán popular: más vale prevenir que curar.

La formación a las familias para detectar los síntomas de alerta y de alarma y poder ayudar así a sus hijas e hijos a tiempo es una de las vías para conseguir una buena prevención.

La otra vía es ofrecer talleres dinámicos participativos al colectivo adolescente para que comprendan los riesgos a los que se exponen en la sociedad en la que viven.

Trabajando conjuntamente la prevención formando a las familias y a los menores conseguiremos reducir estas cifras.

Eva González. Escuela de Salud Osatoki

Materiales de la mediateca que te pueden servir de ayuda:

El trauma psíquico es de todos

Diario de las emociones

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