Complejos adolescencia

“Ama, yo es que soy tonto…”, “no quiero ir a la playa, estoy gorda”, “en el cole me han dicho que mis orejas son muy puntiagudas”, “soy mucho más alta que mis compañeros”, “todo el mundo piensa que soy más pequeño porque soy bajito”, y un largo etcétera.

Parece que todo iba bien hasta que escuchamos a nuestro hijo o hija decir esto y nos vienen de golpe muchos miedos y preocupaciones. ¿Será baja su autoestima? ¿De dónde viene esta inseguridad? ¿Tendrá problemas de relación en el cole? ¿Por qué tiene ahora estos complejos? Y lo más importante, ¿cómo podemos las familias ayudar a reducirlos?

En primer lugar, es necesario tener en cuenta que los complejos no solo son físicos, sino que agrupan otras áreas como puede ser la intelectual (sentirse más tonto, incapaz, lento, suspender, etc.) y la social-relacional (tartamudear, ser excesivamente tímida, no saber mantener amigos, etc.). En la base de la mayoría de estos complejos está el complejo de inferioridad. Es posible que nuestros hijos e hijas hayan tenido alguna experiencia en su vida en la que hayan cometido algún error o se hayan comparado con otras personas (también puede que estas comparaciones vengan de fuera). El tema es que tras estas vivencias han podido concluir: “NO SOY SUFICIENTE”. A partir de ese momento tienen dos opciones:

  • Pretender hacer un sobre-esfuerzo para ser perfectos y perfectas (y alcanzar así el complejo de superioridad, en el cual sigue estando presente la inseguridad aunque esté “camuflada”).
  • Convencerse de que efectivamente no son suficientes y vivir acomplejados.

Llegados a este punto, ¿cómo podemos las familias ayudarles a aceptarse?

  1. Mandando un mensaje de amor incondicional

Desde los 0 a los 6 años se establece el vínculo de apego, y es importante que este apego sea seguro y que nuestros hijos e hijas sientan que son queridos de forma incondicional. Si al cometer determinados errores sienten que les queremos menos, se sentirán inseguros y serán vulnerables. Cuando el amor es sin condiciones se crea una base de seguridad y esto tiene un efecto directo (y positivo) en su autoestima.

Por ejemplo, si un niño suspende por no haber estudiado le podemos decir “¿cómo te sientes? ¿qué crees que tienes que hacer en otra ocasión para tener mejor resultado? ¿cual es tu plan?”, pero no es conveniente utilizar frases tipo “me lo imaginaba porque no haces nada, ¡qué va a ser de ti!” porque lejos de provocar cambios en su comportamiento, probablemente le hagan tener una imagen de sí mismo de incapacidad y favorezcan la aparición de los complejos.

  1. Siendo ejemplo de aceptación y respeto

¿Es posible que tu hijo vea cómo criticas tu cuerpo cuando te pones en bañador en verano? ¿Qué mensajes te escucha decirte a ti mismo o a ti misma? En esta línea, ¿qué comentarios te oye verbalizar en relación a otras personas (incluidas personas famosas) o en relación a otro tipo de cuerpos? Y si vamos más allá, en los grupos de WhatsApp de padres y madres (de personas adultas, a fin de cuentas), ¿se respeta la diversidad o, por el contrario, nos burlamos de ella?

Para que cualquier persona aprenda a aceptarse necesita comprender que el mundo es diverso y que nadie decide el cuerpo en el que nace y esa comprensión se modela en las personas adultas.

  1. Hablando con honestidad

Aceptarse no significa engañarse ni pretender pensar que todo es maravilloso. Si nuestro hijo es el más bajo de la clase, no es conveniente decirle lo contrario, ni siquiera un “ya crecerás”, porque lo cierto es que no sabemos cuál será su altura definitiva.

La clave está en reconocer que efectivamente se puede ser el más bajo de la clase, y que igualmente está bien que sea así, no hay nada malo en ello. Del mismo modo, si te sobran unos kilos o tus pies son muy anchos, es válido que así sea.

Algunas cosas que podemos hacer en este sentido son:

  • Validar cómo se siente: “Veo que te afecta ser el más bajo”.
  • Tratar de comprender mejor qué está sucediendo por si hubiese que intervenir: “Háblame más de lo que te preocupa” o “¿Ha sucedido algo para que esto te agobie?”.
  • Trasladar siempre un mensaje que ame la diferencia: “Cada persona es única, eres importante para mí”.
  1. No compares a tu hijo o hija con otras personas

Precisamente porque cada persona es única, comparar nunca es una buena opción. En numerosas ocasiones los complejos nacen por las comparaciones entre hermanos o iguales o por las distintas etiquetas que les ponemos. En este sentido, en lugar de etiquetar al niño o niña podemos describir el comportamiento. Algunos ejemplos serían:

  • “Se mueve mucho” en lugar de decir “es revoltoso”.
  • “Necesita tiempo para hacer las cosas” en lugar de decir “es lenta”.
  • “En ocasiones se despista” en lugar de decir “es inatento”.
  1. Controla a qué contenidos digitales accede

¿Cuáles son las cuentas que sigue en Instagram? ¿Qué prototipo de personas aparecen en ellas? Antes de acceder al contenido, es recomendable entrenar en familia el criterio propio y el pensamiento crítico. Los niños, niñas y adolescentes deben conocer que la gran mayoría de las imágenes que ven están tratadas con filtros y, por lo tanto, distan de ser reales. La piel tiene poros, manchas y texturas. Si nos sentamos, es altamente probable que nos salgan michelines. Y un largo etcétera.

Por ello, podemos darles a conocer cuentas alternativas que muestran de una manera más realista la diversidad.

Y con todo ello, ¿cuándo hay que preocuparse?

Tener complejos es algo frecuente que nos pasa a todas las personas y que suelen empezar a los 6 años de edad, que es cuando los niños y niñas son más conscientes de lo que les diferencia de otras personas. Así mismo, en la adolescencia suele haber también un pico de mayores complejos que puede entrar dentro de lo normal. En esta línea, siempre puede haber aspectos de nosotros mismos que no nos gustan o que querríamos cambiar, y esto nos puede pasar a cualquier edad. Sin embargo, es importante conocer los siguientes signos de alarma y se debe pedir ayudar profesional cuando ves que tu hijo o hija:

  • … deja de hacer planes, no quiere ir al colegio, etc. Es decir, los complejos tienen una repercusión directa en lo que hace o deja de hacer en su vida.
  • … se le ve triste y con apatía, y este estado de ánimo es mantenido en el tiempo más de un mes.
  • … sale el tema de conversación de los complejos en muchas ocasiones y se ve que realmente le afecta/preocupa mucho.
  • … se da mensajes a sí mismo o a sí misma muy negativos y recurrentes, llegando a perderse el respeto.
  • … le cuesta socializar por estos complejos…

Finalmente, algunas referencias bibliográficas de interés son:

  • En la infancia:
    • Orejas de mariposa, de Luisa Aguilar.
    • Yo voy conmigo, de Raquel Díaz.
    • No pasa nada, de Xabi López.
  • En la adolescencia:
    • Biografía de un cuerpo, de Mónica Rodríguez.
    • Tu cuerpo es único, de Jessica Sanders.
    • Persona normal, de Benito Taibo.

Beatriz Alonso Sánchez, Pedagoga y psicóloga

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