Claves para evitar un divorcio conflictivo

Divorcio

Al emparejarnos para llevar a cabo un proyecto de vida en común, solemos hacerlo desde la ilusión, el amor y el deseo. Sin embargo, con el paso del tiempo la relación de pareja no siempre sobrevive y su ciclo llega a su fin. Cualquier separación es dolorosa y supone pasar por un proceso de duelo que implica momentos de dolor al tener que despedirnos de esa persona, de nuestro proyecto en común y de lo que ya no es. Pero transcurrido un tiempo cada uno puede continuar con su camino.

Si hay hijos e hijas, la situación se torna más complicada y las implicaciones van más allá de la pareja. Además de lidiar con el propio dolor y transitar por las diferentes fases del duelo, debemos hacernos cargo del bienestar de los hijos e hijas, teniendo que tomar una serie de decisiones que son importantes. Cuanto más conflictiva sea la separación, mayor nivel de sufrimiento, que suele interferir en una buena toma de decisiones. Cuando nos encontramos invadidos por las emociones, nuestra capacidad de razonamiento se nubla y resulta más complejo tomar buenas decisiones. En este clima, los progenitores hemos de llevar a cabo un gran esfuerzo para poder centrarnos en lo más importante, los hijos e hijas y su bienestar.

En estos casos, son numerosas las dudas que surgen sobre cómo afrontar este proceso de la mejor manera posible para todos y cómo explicar a nuestros hijos e hijas lo que va a ocurrir.

Aunque cada familia y separación es diferente, existen algunos aspectos que podemos tener en cuenta y que sirven de brújula en este proceso.

1. Cómo se lo decimos

Una de las preguntas más frecuentes que nos encontramos es en qué momento y cómo comunicar a nuestros hijos e hijas que nos vamos a separar. En función de la edad de los niños/as, tendremos que adaptar el lenguaje y la cantidad de información que damos para que puedan comprender y procesar mejor lo que está pasando.

 

Es preferible que antes de dar la noticia, planeemos cómo lo vamos a hacer, elegir un momento en que los dos podamos estar y sea un momento relajado y de intimidad familiar. Es importante acordar el discurso previamente, aquello que les vamos a explicar y lo que no, porque no es necesario. Además, es muy importante que estemos lo más tranquilos/as posibles y transmitamos seguridad, ya que esta noticia supone un gran cambio y pueden sentirse muy vulnerables e inseguros/as.

En el caso de niños menores de 6 años, podemos usar muñecos o hacer dibujos para representar lo que va a ocurrir o para contarles de manera muy breve cómo van a vivir ahora. El mensaje a comunicar es que vamos a estar con ellos/as el mayor tiempo posible y asegurarles tanto nuestro amor como nuestra presencia. También es importante responder a todas las dudas que les surjan con sinceridad, sin llegar a entrar demasiado en la intimad de la pareja.

En niños/as más mayores, podrán comprender mejor la ruptura aunque no es necesario entrar en detalles ni buscar culpables. Sí podemos compartir con ellos cómo será su vida en adelante: dónde y con quién vivirán y cuándo verán al otro progenitor… y que vamos a tratar de que su entorno cambie lo menos posible. Por supuesto, explicarles que la separación no es su responsabilidad si no, algo que en ocasiones ocurre en las parejas. Y de algún modo recoger todo lo que han ido viendo y viviendo en casa estos meses.

Tendremos que atender su respuesta verbal y no verbal, y validar cualquiera de las emociones que se presenten (“Entiendo que sientas…miedo, rabia, tristeza, enfado…”). Que no haya emoción o que aparentemente se lo tomen bien, no significa que no les importe o que no les afecte. Las respuestas pueden aparecer transcurrido un tiempo, ya que quizás necesiten comprender y digerir la noticia.

2. Colocar a nuestros hijos/as en el centro

Con frecuencia, las separaciones suelen ser conflictivas como consecuencia del dolor emocional, rencor, rabia e incluso celos. En ocasiones, una de las partes puede sentirse en desagravio y ese dolor puede interferir en que el proceso de separación sea lo más respetuoso posible. A pesar de todo, resulta esencial que seamos capaces de poner a nuestros hijos/as y su bienestar en primer lugar, dejándoles al margen de nuestros problemas.

En ocasiones, el dolor nos puede llevar a desear dañar al otro o “hacer que pague”. Es importante pedir ayuda profesional para que nos ayude a transitar este proceso de la mejor manera posible y evitar instrumentalizar a nuestros hijos e hijas, es decir, “usarlos” como arma para dañar al otro y en nuestro propio beneficio.

La instrumentalización implica un daño emocional y una forma de maltrato hacia nuestros propios hijos e hijas que tiene graves consecuencias en su salud mental (trastornos de ansiedad, del sueño, de la conducta alimentaria y de conducta, entre otros). Si las madres y padres fuéramos conscientes del dolor y daño que genera, lo evitaríamos a toda costa.

3. Ya no somos pareja y debemos entendernos

Cuando una pareja tiene hijos/as de algún modo ese vínculo entre los miembros de la relación permanecerá siempre y tendrán que seguir compartiendo el camino de la crianza. El otro ya no es nuestra pareja pero continúa siendo la madre o el padre de nuestros hijos e hijas. Por tanto, nuestra relación en adelante será desde ese rol madre/padre. Esto implica que tengamos que aprender a llegar a acuerdos y esto no siempre es fácil, ya que con gran seguridad en nuestra relación de pareja los conflictos podían ocurrir porque no éramos capaces de llegar a puntos de encuentro.

Si nos resulta complicado lograr este objetivo, existe la posibilidad tanto de acudir a un/a profesional de la psicología como al Servicio de Mediación Familiar. Esto nos permitirá llegar a acuerdos sobre visitas, educación, rutinas…contando con la figura de un árbitro, pudiendo dejar los conflictos personales a parte.

4. Hablar del otro con respeto y mantener a los niños/as fuera del conflicto

Es muy importante tratar de controlar nuestras emociones, y no descalificar ni criticar delante de nuestros hijos e hijas a la otra parte ni a su familia. Recordemos que son personas muy importantes para ellos/ellas y resulta doloroso. Además, pueden sentirse en una situación de gran ambivalencia y de conflicto de lealtades. (Es decir, “quiero a mi madre/padre pero me dicen que es malo/a. Cuando le cuento a alguno lo bien que me lo he pasado el fin de semana, el otro se enfada.”)

Si alguna de las partes incumple los acuerdos, los regímenes de visitas o sus obligaciones económicas son asuntos que deben permanecer ajenos a nuestros hijos; es una cuestión entre los adultos y es nuestra responsabilidad resolverlo. En el caso de que una de las figuras no acuda a las visitas, acompañaremos las emociones de nuestros hijos (enfado, tristeza, decepción…) sin entrar en la crítica. (“Entiendo que te sientas decepcionada).

5. Evitar buscar consuelo en nuestros/as hijos/as

La separación como hemos comentado, supone un proceso de duelo y al igual que nuestros hijos/as, nosotros/as también podremos sentirnos abatidos/as o enfadados/as, es normal. Es importante ser honestos con nuestros hijos e hijas y explicarles que nos sentimos algo tristes y que para nosotros/as también supone una situación a la que tenemos que adaptarnos y acostumbrarnos. Hasta aquí todo correcto, pero es diferente ser honestos/as y poner palabras a lo que ellos/as ya perciben que desahogarnos con ellos/as.

Debemos evitar a toda costa desmoronarnos en su presencia y perder el control ya que generamos un clima de inseguridad (“si mi madre/padre no puede sostenerse, no podrá hacerlo conmigo”) y les colocamos a ellos/as en la disyuntiva de “asumir el mando” dándose una inversión de roles: los/as hijos/as cuidan a los padres. Esta situación no es respetuosa en relación a sus necesidades ni su desarrollo. Lo natural es que los progenitores cuidemos de nuestros hijos e hijas.

Por muy dolorosa que sea la situación es vital que sigamos permaneciendo para ellos/as y les demos seguridad.

6. Procurar que su entorno y vida diaria cambie lo menos posible

Trataremos, en la medida de lo posible, de mantener las rutinas habituales, que los niños/as puedan seguir manteniendo su círculo de amistades, centro escolar y demás actividades que realizaban antes de la separación. Cuanto menores sean los cambios en su entorno mejor, para generar mayor sensación de seguridad y estabilidad que posibilitan la organización mental de los/as menores en este proceso tan importante. En el caso de las y los adolescentes esto es vital, que puedan continuar con su grupo de amigos/as ya que en esta etapa de desarrollo su grupo de referencia es esencial para su bienestar.

7. Atender a los cambios de conducta o emocionales de los hijos e hijas

El divorcio es un evento muy estresante en la vida, por ende, es frecuente que puedan surgir más conflictos en casa con nuestros hijos e hijas, que haya regresiones en su conducta y muestren comportamientos propios de edades más tempranas. O que parezcan más irritables o agresivos. Todo esto es resultado del propio duelo que están transitando. En estos casos, es importante poder conectar con ellos/as y su dolor, permitir espacios donde podamos hablar con ellos/as sobre cómo se sienten con todo lo que está ocurriendo y puedan expresarse y dar un lugar a esas emociones naturales que están surgiendo.

Por otro lado, suele ser frecuente que fantaseen con la idea de que en algún momento su padre y su madre vuelvan a estar juntos de nuevo, es por ello, que resulta conveniente aclarar que es algo que no va a ocurrir.

Cualquier madre y padre deseamos lo mejor para nuestras hijas e hijos, nuestro amor, empatía y respeto hacia ellos/as, es la clave para poder ayudarles a afrontarlo de la manera más saludable posible. Si nuestra mirada está enfocada en su bienestar tenemos más garantías para asegurarlo.

Lorena Méndez. Psicóloga General Sanitaria y Psicoterapeuta.

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