El Déficit de Atención con o sin Hiperactividad, (TDAH), es una condición que tiene base neurobiológica y forma parte de la clasificación de los trastornos del neurodesarrollo que establece el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

Se caracteriza por presentar un déficit en la eficacia atencional, hiperactividad (excesiva inquietud motora) y/o impulsividad y existen tres tipos:

  • Presentación combinada con inatención e hiperactividad/impulsividad.
  • Presentación predominante con falta de atención.
  • Presentación predominante con hiperactividad/impulsividad.

Además, para tener este diagnóstico es necesario que los síntomas del TDAH estén ocasionando dificultades en el área social, personal, académico y/o familiar. Así mismo, estos síntomas se manifiestan antes de los 12 años.

En este sentido, es importante diferenciar cuándo hay un trastorno real y cuándo se trata de una necesidad personal, pues en la infancia, igual que en la edad adulta, cada persona tiene temperamentos y necesidades diversas. De este modo, existen temperamentos con mayor necesidad de movimiento, de actividad, ruido y otros con mayor necesidad de calma, silencio, entornos conocidos, etc. Saber cómo es el temperamento natural de nuestro hijo/a así como conocer el nuestro puede ayudarnos a entender que no se trata de que el niño se mueva mucho o sea muy nervioso sino de que mi temperamento necesita calma mientras que el suyo necesita actividad. Por todo ello, hay muchos niños y niñas que no tienen déficit de atención con hiperactividad pues su sistema atencional funciona con normalidad.

Sin embargo, supongamos que el diagnóstico está confirmado por un profesional. ¿Qué sentimientos se encuentran en el día a día estos niños y niñas y sus familias? Las emociones son variadas y lo primero que nos puede ayudar es ser capaces de reconocerlas.

En el caso de los niños, niñas y adolescentes con este diagnóstico es importante tener en cuenta que sienten las mismas emociones que otras personas (tristeza, enfado, frustración, etc.), pero en muchos casos estas emociones se dan con más intensidad y frecuencia, de modo que pueden durar más tiempo o suponer obstáculos en la vida diaria.

Las familias, del mismo modo, pueden sentir miedo, incertidumbre, e inseguridad con el diagnóstico. De este modo, sienten que su papel en la crianza no es del todo satisfactorio. Es frecuente que puedan estar expuestos a críticas por parte de otras personas, o a la incomprensión ante ciertos comportamientos de sus hijos e hijas. Pueden, de algún modo, sentir que se les juzga socialmente por haberles educado “mal”, cuando la realidad es que comportamientos como la impulsividad no están en el 100% del control de los padres y madres.

También la culpa es una emoción que puede estar presente, teniendo en cuenta que hay un componente hereditario. Por todo ello, uno de los aspectos que puede ayudar a las familias es compartir su experiencia con otras familias que estén en la misma situación, o incluso que hayan pasado por ella, con el fin de encontrar apoyos y comprensión.

Por otro lado, en el caso del diagnóstico, ¿de qué forma se puede acompañar esta situación desde la Disciplina Positiva? ¿Qué aspectos tener en cuenta desde una crianza respetuosa?

A continuación comparto una breve guía que te pueden facilitar el día a día en la crianza de niños y niñas con TDAH:

Educa desde el cariño

  1. Tu hijo o hija es mucho más que una etiqueta. A pesar de tener el diagnóstico, presta especial atención a aquellas cosas que es capaz de hacer bien. Recuerda: sólo se puede construir desde las fortalezas y potencialidades.
  2. Muestra amor incondicional, lo que se traduce en querer sin condiciones; a pesar de las dificultades, carencias o comportamientos inadecuados.
  3. Ofrécele aliento y confianza: “Confío en ti. Yo sé que cuando algo es importante para ti, tú sabes cómo hacerle frente”.
  4. Construye momentos familiares de disfrute y conexión sin permitir que las dificultades en el entorno escolar o social afecten negativamente a la relación familiar. No habléis todo el tiempo de lo que va mal o necesita mejorar.
  5. Finaliza el día con palabras alentadoras: normalmente los niños y niñas con TDAH sufren a lo largo del día muchísima presión sobre las cosas que no hacen bien. De hecho, pueden llegar a pensar que son un error y no que cometen errores. Es importante cerrar los días haciendo mención a las cosas que han superado, qué han hecho mejor que ayer, qué han conseguido o qué han avanzado: “He visto que hoy has trabajado 2 minutos más que ayer, te felicito por ese tiempo”, “agradezco mucho el esfuerzo que has hecho en la cena cuando has estado en silencio”, “lo que más me ha gustado del día de hoy ha sido cuando…”

Educa para entrenar habilidades

  1. Da importancia a las rutinas y buenos hábitos. Crea rutinas concretas para cada momento. Si lo hacéis juntos con un modelo visual lo podéis dejar en algún lugar visible que pueda consultar cuando tenga dudas de lo que tiene que hacer en cada momento.
  2. Enfócate en capacitar en lugar de en castigar: “Trabajaremos el uso de la agenda para no tener despistes” VS. “Te quedas sin videoconsola por no hacer los deberes.”
  3. Céntrate en soluciones o en enseñar a reparar el daño. (Por ejemplo: “Has pegado a Marcos y ahora mírale…, está triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”).
  4. Es importante entrenar su diálogo interno para que de forma anticipada sea capaz de controlar y gestionar sus impulsos. Para esto inicialmente puede ser útil tener tarjetas visuales con los pasos a seguir y sus señales para que de manera rápida le podamos acompañar y recordar: “Paro, respiro, pienso qué puedo hacer y qué pasará si lo hago, tomo una decisión y valoro cómo ha ido”.
  5. Entrena las funciones ejecutivas de tu hijo o hija: ofrece opciones limitadas (para tomar decisiones), enfócate en soluciones (para elaborar un plan), permite que aprenda de sus decisiones (para entrenar la reflexividad y el autocontrol es necesario que experimenten consecuencias naturales. Por ejemplo, si en un momento dado decide no merendar, pasado el tiempo de la merienda podría experimentar que tiene hambre), etc.

En este sentido, los niños y niñas con TDAH tienen dificultades en sus funciones ejecutivas, es decir, en aquellas habilidades cognitivas que nos permiten anticiparnos, establecer objetivos, pensar en formas de conseguirlos, etc. Por ello, es necesario poder entrenar estas funciones en las situaciones del día a día.

De esta manera, para ofrecer opciones limitadas es importante que las opciones cumplan algunos criterios:

  • Han de ser opciones similares. Por ejemplo, si vemos oportuno que pueda decidir qué va a cenar, le ofreceremos como opciones dos tipos de verdura distintas: “¿Qué prefieres, ensalada o vainas? ¡Tú decides!”.
  • Tienen que ser opciones realmente limitadas. Por ejemplo, no se trata de ofrecer un menú muy amplio, sino dos o como mucho tres opciones.
  • Las opciones ofrecidas tienen límites implícitos. Por ejemplo, si está lloviendo mucho, podremos ofrecer dos calzados apropiados similares, pero elegir sandalias no será una opción.

En cuanto a la función ejecutiva de enfocarnos en soluciones, se puede llevar a la práctica en muchas situaciones del día a día. Es habitual que los niños y niñas con TDAH olviden sus objetos personales. Supongamos que tu hija ha perdido una chaqueta en el colegio. Ante una situación así, enfocarse en soluciones seguiría los siguientes pasos:

  • ¿Qué ha pasado? He perdido la chaqueta, no la encuentro, etc.
  • ¿Cómo lo puedes intentar solucionar? Generar una lluvia de ideas. Por ejemplo, preguntar en clase, ir a “objetos perdidos”, preguntar en secretaría, etc.
  • ¿Cómo puedes hacer en futuras ocasiones para no perderla? De nuevo generamos ideas conjuntamente: dejarlo siempre en el mismo sitio, atármela en la cintura, no quitármela, etc.

Educa con orden y límites

  1. Cuando tenga que trabajar despeja la zona de otros estímulos. Que sea el propio niño o niña quien sepa identificar qué lugar favorece su trabajo y cuál no.
  2. Presta atención al orden de la habitación y de los lugares en general. Si cada cosa tiene un sitio mejor; pocas cosas y ordenadas. Que el lugar de una sensación de calma y no de caos.
  3. Establece límites claros con amabilidad y firmeza: “Entiendo que estés enfadado y no es aceptable que pegues. En su lugar, puedes decir lo que no te gusta con palabras”.
  4. Establece normas que repercutan positivamente en su capacidad de focalizar la atención. (Ej: jugamos con una cosa, recogemos y sacamos otra). En esta línea es importante enseñarle a dosificar las tareas para proporcionar situaciones de claridad cognitiva. Normalmente se pierden con tanta información, por ello es recomendable fragmentarla en pequeñas dosis.
  5. Limita (o evita) el uso prolongado de pantallas (móvil, ordenador, tableta, etc.), y en contraposición, prioriza el contacto con la naturaleza y actividades al aire libre que impliquen movimiento.

Finalmente decir que el estado emocional influye en el aprendizaje cognitivo. Como familias el objetivo será conseguir ambiente que favorezca la autorregulación del comportamiento y que genere estados de calma. En los momentos previos a una situación que requiera concentración se puede acompañar para relajar o bajar energía, a través de la respiración juntos, algún juego o canción cortita.

Beatriz Alonso Sánchez. Psicóloga, pedagoga y educadora de Disciplina Positiva

Materiales de la mediateca de BBK Family que te pueden servir de ayuda:

Juegos de mesa para entrenar la atención:

Camelot Jr

El lince

Rush hour

Distraction

Algunos libros recomendados para familias, incluidos los niños y niñas, sobre TDAH son:

Topito terremoto

 

La mirada de José Luis

Elena y el camino azul

 

Yo, Elvis Riboldi, y Boris el superdotado

 

Niñ@s Hiper: Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas

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