¿Cómo puedo ayudar a que mi bebé duerma?

Al momento de ir a dormir le acompaña siempre una pequeña sensación de pérdida, de separación. Es por eso que es tan importante para nuestros bebés, para nuestros niños también, sentirse totalmente arropados, sentir ese acompañamiento, ese contacto, esa succión en los más pequeños. Es totalmente normal y natural que un bebé se duerma en nuestros brazos, que se duerma succionando el pecho de su madre o mientras le damos amorosamente un biberón.

¿Está esto mal? Es algo que me preguntan con mucha frecuencia. ¿Pasa algo porque mi bebé se quede durmiendo encima de mí? La respuesta es no, los niños y niñas necesitan esa confianza para dejarse llevar hacia un sueño verdaderamente reparador. Nos encontramos con ciertas dificultades cuando estos apoyos normales, imprescindibles diría incluso en la primera infancia, se quedan instalados como único recurso. Si nuestro hijo se duerme al pecho, o en brazos, con ama, con aita, con chupete, sin él; estaremos ante una situación de verdadera normalidad. Nuestros hijos e hijas nos necesitan, pero a veces nos metemos en pequeños atolladeros, cuando nos damos cuenta que solo se duerme cuando lo cargamos a la mochila (y no me refiero a hacer una siesta mientras paseamos, sino a las tres de la mañana), o solo se duerme cuando toma leche. Y nos encontramos atrapados en que solo tenemos una única fórmula para que nuestro hijo descanse. Como los ciclos de sueño de los niños son verdaderamente cortos, podemos encontrarnos en esta situación con niños que se despiertan cada cuarenta o cincuenta minutos durante toda la noche reclamando ese apoyo imprescindible que necesitan para dormir.

¿Y si no encontramos la fórmula para que se duerma?

Cuando nos encontramos ante esta circunstancia en la que no sabemos cómo ayudar a nuestro hijo, estamos atascados en una única fórmula, lo más importante es trabajar por generar nuevos recursos. Y digo generar nuevos recursos y no eliminar los que tenemos, porque lo verdaderamente importante es conseguir esa flexibilidad para que el niño pueda dormirse en diferentes circunstancias. No se trata de obligar al niño a que duerma sólo en la cuna porque te has cansado de que duerma siempre encima de ti, sino de a lo mejor ayudarle a dormir con cierto movimiento, de enseñarle a dormir con otra persona, de ir adormilándole poco a poco en brazos para posteriormente dejarle cada vez antes en esa cuna que estáis intentando.

Los hábitos externos de conciliación son naturales, es normal que necesiten estos apoyos. Por tanto, si puedo darte un consejo, es que busques la flexibilidad, que busques más maneras, y si llega un momento en el que ves que es imposible, que te has quedado atascado en una sola fórmula, trabaja por eliminar este hábito y céntrate en generar otros recursos que podrás ir también eliminando poco a poco para ir consiguiendo finalmente esa autonomía que buscamos.

¿Cuál es una de las herramientas más potentes que tenemos para consolar a nuestros hijos e hijas?

Lo más relevante que quiero que comprendas es que estos apoyos, estos hábitos externos de conciliación son naturales. Es normal, ocurre en todas las casas y todos nos encontramos dando el pecho, el biberón, el chupete en mitad de la noche. El consejo más fácil que te puedo dar para transitar por este proceso, es que te centres solamente en un tipo de ayuda. Por ejemplo, será sencillo para pasar del pecho, del biberón, del chupete; centrarnos solamente en brazos. El contacto físico es una de las herramientas más potentes que tenemos para consolar a nuestros hijos e hijas. Cuando has eliminado otro tipo de ayudas y te has quedado solamente con el contacto, podrás ir trabajando en que ese tiempo en brazos sea cada vez más corto, hasta que finalmente logres conquistar la cuna.

Antes de ser padres o madres, el conocimiento que tenemos sobre cómo se duerme un niño; bueno, sobre tantísimas cosas relativas a los bebés y a los niños y niñas… es totalmente ficticio. Es lo que quizá hemos visto en series. Ese momento de dejar a los niños y niñas en la cuna o en la cama, dar las buenas noches y marcharnos al salón a seguir disfrutando con la pareja.

 Como bien sabéis, esto ocurre en pocas ocasiones, los niños y niñas siguen necesitando esa presencia.

Durante toda la primera infancia es totalmente normal que tengamos que quedarnos en la habitación hasta que nuestra hija está en un sueño profundo. Durante toda la primera infancia será totalmente esperable que tengas que quedarte en la habitación mientras el niño enlaza esos primeros minutos de sueño profundo. Por tanto, a la hora de hablar de sueño autónomo, lo primero que tenemos que ser es realistas, saber qué podemos esperar según la edad, según el momento madurativo, según el desarrollo y el momento de crecimiento en el que se encuentre nuestra hija.

¿Y si no sale nunca de nuestra cama?

La necesidad de esa seguridad, de esa presencia, nada tiene que ver con que sea un niño que ha dormido más cerca o menos cerca de los padres. A veces solemos pensar que cuando dormimos con nuestros hijos e hijas, cuando practicamos co-lecho, tendremos a nuestros hijos en la cama toda la vida, que son niños que no saben dormir por sí solos porque ya han compartido con nosotros habitación. De hecho, una de las preguntas más habituales es ¿cuándo tengo que pasar a los niños a su habitación? ¿Cuándo es el momento en el que tienen que alcanzar esa independencia? Mi respuesta suele ser bastante confusa para muchos padres y madres, y es que no existe un momento idóneo para realizar este cambio. Si me preguntarais a mi os diría que al menos hasta los doce meses. Pero esto es un “al menos”; podríais perfectamente seguir durmiendo con vuestro hijo de cuatro años en la habitación y no estaríais afectando en absoluto a su nivel de independencia.

Cuando dormimos juntos, dormimos más tranquilos. Nos pasa a nosotros, así que cómo no les va a ocurrir a ellos. La respiración, el ritmo del corazón, la presencia, ese “alargar la mano” y saber que ama, que aita, están a nuestro lado, favorecen precisamente un descanso más profundo.

Por tanto, desde esta realidad necesaria de presencia, podremos en primer lugar escoger donde queremos dormir con nuestros hijos e hijas. Quiero haceros entender que no es necesario sacarles de la habitación si no es vuestro deseo, para poder trabajar una mayor autonomía en el sueño. Tanto si realizamos co-lecho dentro de una misma cama, en una camita o cuna adosada, si la cuna está cerrada o si está en su propia habitación, podremos ir estableciendo una serie de objetivos paulatinos para ir alcanzando esta autonomía.

Nuestro objetivo tiene que ser cada día retirar un poco de soporte hasta que finalmente consigamos que el niño duerma sin ningún tipo de apoyo, que inicie el descanso solo. Para dormir a un niño o niña en su cuna, para dormirle desde la cama pero estando tú cada vez un poquito más lejos tenemos que pasar por dos pasos: primero, conseguir que se tumbe; segundo, conseguir que se duerma. Y el más difícil es el primero. Cuando tú tienes a un niño tumbado, tranquilo, sin ganas de salir, gateando o levantarse y salirse de la cuna, iniciar el sueño será mucho más fácil.

Pasos para la rutina del sueño

Por tanto, céntrate en que la energía a la hora de dormir sea tranquila. Haz esta transición imprescindible en la rutina de sueño, apaga las luces y acompáñale desde ahí. Si por ejemplo está durmiendo contigo en la cama, este trabajo por pasos puede consistir primero en dormir abrazados, posteriormente en alejarte un poquito y colocarle simplemente la mano encima, posteriormente ir ganando un poco de espacio hasta que finalmente seas capaz de dormirle estando sentado en la cama.

En el caso de la cuna, como digo, primero tenemos que conseguir que se tumbe de buen grado. Empezaremos por dejarle sentado, le acompañaremos levemente en el movimiento hacia la cuna. Evitad por supuesto sujetarle, contenerle, pues todo este tipo de situaciones lo que hace es enfadar al niño y que la situación empeore. Siempre desde el amor, desde la tranquilidad, y una vez tengas al niño tumbado, apóyale con la voz, dale palmaditas, acaricia su espalda y nuevamente día a día ve retirando estos soportes hasta que finalmente puedas acompañarle a que se tumbe y a que inicie el sueño autónomamente.

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