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Me han pedido escribir unas cuantas recomendaciones para familias con peques y con un tono ligero que acompañe el peso de estos momentos. Me pongo a ello, a pesar de vivir una ambivalencia en la que intento integrar momentos en los que puedo “aligerar” y esos otros en los que escucho una noticia y rompo a llorar de impotencia.

Un tema presente consiste en compatibilizar trabajo y niñas y niños en casa. En estos momentos nuestras hijas ya no son niñas, pero pienso también en mis últimos veinte años tratando de compatibilizarlo. Espero que me ayude también a aligerar este asunto de la maternidad, tan cargado muchas veces de auto-exigencias.

No son recomendaciones, no me gusta recomendar nada a nadie, son cosas que me tuve, y todavía tengo, que decirme a mí misma en muchos momentos.

Algunas las hice y volvería a repetirlas, otras quisiera haber pensado en ellas hace mucho y nunca llegaron a tiempo. Las terceras, “ni de coña vuelvo a hacer esto”, son las que más me gustan y las que me reconcilian con mi querida imperfección.

1.- Intenté atender a mis hijas mientras trabajaba.

Esto es imposible sin terminar deseando, en secreto, por supuesto, “ahogar a tu hija querida” o insultar como una poseída al ordenador, al lavavajillas o al objeto que tengas entre manos. Siempre mejor lo segundo que lo primero.

Me digo: ordena un tiempo para trabajar y otro para atenderlas. Si estamos más de un adulto, esto es relativamente fácil. Saber con qué tiempo cuento, incluso si es poco, da seguridad y aligera enormemente. Pero esto no siempre es posible, lo sé, de verdad que lo sé. En algunos casos, cuando solo hay un adulto, pareciera que la única opción es el suicidio. ¡No!, hay otra, en momentos extremos puedes fingir un golpe y ponerte a llorar…en fin,  supongo que siempre hay otras opciones. No es nada fácil pasar mucho tiempo una sola persona adulta con tus criaturas.

Tampoco es lo mismo pasar todo el día con un bebé recién nacido, que con  peques de diferentes edades, etc… Si puedes evitar vivir este acompañamiento en soledad, busca ayuda sin dudarlo. Si no es posible evitarlo, algo habrá que hacer, también.

Hay diversos trabajos que hacemos a lo largo del día y no son todos iguales. Algunos requerirán mucha concentración y otros menos. En su momento, ubiqué los de máxima concentración por la noche, cuando se habían dormido. ¿Cuántas veces nos hemos visto, saliendo de la cama de nuestros bebés, y no tan bebés, dormidos al fin, de forma furtiva, deslizándonos sin mover las sábanas, habiendo dejado la puerta entreabierta, porque sabemos que chirría la bisagra y no queremos ni tocarla cuando llegue el momento de escapar, y cuando, ya en el pasillo secándote el sudor, crees que lo has conseguido:

-Amaaaaaaa!,

-(¡Amamierda!) ¡Voy, cariño!

Quizás esto haga que me tenga que quedar hasta las tantas trabajando y tenga que revisar los horarios de levantarse por la mañana, que reaparezca la siesta, ¡por decreto! En las semanas que estamos viviendo en estos momentos, no es posible seguir con las rutinas tal y como las teníamos organizadas antes, pero en casa. Habrá tantas posibles soluciones como situaciones diversas. Máxima concentración en el trabajo y peques  no es compatible de forma simultánea. Parece obvio, pero os aseguro que no lo es tanto. Me consta que muchas personas  lo intentan, yo lo intenté. Afortunadamente renuncié a ello antes de ahogarlas.

Es verdad que pasa el tiempo, sin que a veces nos demos cuenta, crecen y tú te adaptas también. Tomo conciencia en este preciso momento en el que me descubro escribiendo con una radio de fondo, rap en una habitación y Extremoduro en la otra.

 

2.-Probando cosas nuevas de organización, responsabilidades familiares y domésticas.

 

Compartir las tareas de la casa suele ser la pelea infinita, especialmente con adolescentes,  las mismas personas que hace no tanto querían hacer de todo en casa. Estoy  asombrada con una decisión y los resultados.

Hemos puesto en el frigorífico un cuadro que tiene una lista de tareas domésticas y días hasta… (Puntos suspensivos). Cada cual hace lo que quiere y lo anota. El compromiso es cero reproches y cero exigencias. Lo voy a decir bajito sin que me oigan, pero se pelean por las tareas:

-¡No! esa la iba a hacer yo.

-¡Estoy haciendo pleno en recoger el friegaplatos esta semana!

Esto es lo que suele pasar cuando la exigencia desaparece de verdad (no esa que se la guardas y se la “escupes encima” en ese momentazo que todos y todas reconocemos). Las personas disfrutamos haciendo equipo, lo necesitamos, siempre que el equipo, o el “jefe del equipo” no se trague a las personas.

3.-Un poco de espacio para “no hacer nada” puede abrir infinitas posibilidades.

 

Parece lógico pensar que tener a  niñas y niños ocupados todo el día puede facilitar las cosas. El asunto creo que no es tan sencillo. ¿Ocupados en qué? Todos tenemos la experiencia de ese niño o niña de quien de pronto piensas ¿estará bien?, y sales corriendo a su habitación porque hace una hora que no la oyes. Una amiga me contó que escuchaba a su retoño piar como un pajarito y tener conversaciones consigo mismo mientras ella estaba en otra habitación. Cuando fue a verle, el colega había recortado 600€ en pequeños trocitos que se comía el pajarito.

En cualquier caso, comprobamos que un niño de 3 años puede estar enormemente concentrado durante una hora.Los niños se apasionan por millones de cosas, pero necesitan tiempo para ello. Cuando les interesa lo que hacen, están más concentrados, más tranquilos, más felices y, en consecuencia, quienes están a su alrededor también. No sé si la mejor solución para la convivencia, encerrados en casa, sea que estén muy ocupados. Dependerá de en qué.

No propongo que dejen de hacer  lo que en cada caso su escuela les envíe y cada familia considere, simplemente creo que es una oportunidad para enfrentarse a momentos de “no sé qué hacer”. Que existan tiempos en el día no estructurados, en los que el vacío que esto genera pueda ser sostenido el tiempo suficiente, al lado de alguien que entienda y no le crispe el constante “me aburro” para que re-aparezcan intereses propios. Esos que tenían cuando era ese niño o niña apasionada que no paraba de preguntar- “¿y por qué?” O cuando decía todo el tiempo  ”cuéntamelo otra vez”.

¿Qué pasa si pierdo el miedo al vacío? …y pienso  “una vida no se arruina en dos, tres o incluso cuatro meses…Solemos necesitar años y años para conseguir que nuestra vida sea definitivamente una ruina”.

4.- Muchos de los contenidos de los programas aparecen en situaciones cotidianas.

Las integrales y las derivadas, yo no consigo encontrarlas pero seguro que tiene que ver con mi escaso conocimiento del tema. Estoy segura de que mi amiga Elena las ve por todas partes, pero no hace falta que yo sea mi amiga Elena. Hay, seguro, en los propios programas de estudio, cosas que me interesan o me han interesado en algún momento de mi vida y por la falta de tiempo, renuncié a ellas.

Es mi/su oportunidad de darle vida a montones de cosas y compartirlas con mis hijas. Aunque no sea la que toca ahora en el programa. Conozco a niños y niñas que aprendieron a contar jugando con las uvas pasas que se comían, a escribir poniendo notas en su habitación, entre otras cosas, “cajón privado, no abrir”, otra aprendió que el cráneo no es del todo redondo cuando pasó media hora con la cabeza metida entre dos barrotes de la ventana, sobre la electricidad estática, cuando reventó un puf lleno de bolitas de poliespan, tirándose desde la litera sobre él, y que su madre también se pone roja y revienta como el puf, cuando lleva ya dos horas sin parar de demandar y quejarse.

Lo que afecta a nuestra vida es lo que nos resulta significativo y nos despierta el deseo de aprender. Y si algo está nuestra vida, en este momento, es afectada. Quizás las tertulias en la mesa que se alargan son oportunidades para reflexionar y comunicarnos, y puede que nos lleven a buscar información y tirar de hilos.  El lenguaje es una herramienta para contar, contarse, escuchar, leer a otros. Puede que desde ahí empiecen a cobrar un sentido vital la lengua y la literatura, las ciencias, la filosofía, la historia…

Estoy pensando en  cuando son más mayores. Con quienes son  más peques no es muy diferente. Sus intereses no son muy diferentes de los del resto de los mortales, solo cambia la cantidad de experiencia en el mundo. Podemos hablar con  ellas y con ellos de las mismas cosas que con personas adultas. Les interesa el mundo en el que viven, como a mí, como a ti.

5.- El tiempo de juego de mis hijas no es lo mismo que jugar con ellas. Jugar y acompañar

 

Hay cosas que podemos compartir y nos divertimos realmente, pero cuando un niño o una niña  juega a tiendas, perros, leonas o en general “a ser…”, quizás aceptemos jugar por entretenerlos pero yo, en concreto, no me divierto rugiendo. Los intereses de juego, que como adultos también tenemos, generalmente son diferentes de los de nuestras criaturas.

Una frase de nuestras hijas era:

-”Vale que yo era un perro que tenía dos años, que me llamaba Pepa, y que.., y que…, y que… tú eras mi dueña, pero no te preocupes, no tenías que hacer nada, ¿vale?

Pululaban por allí ladrando a cuatro patas y por participar un poco, les lanzábamos al aire un trozo de la zanahoria que íbamos a echar al cocido.

Necesitan que estemos presentes, eso sí. Lo de “vete a jugar a tu habitación” dura, por lo general, cinco minutos, salvo cuando no quieren que les veas tú, claro, y en esos momentos es cuando, precisamente tú, quieres tenerlos a la vista.

Por poner otro ejemplo, existió el momentazo de jugar a bancos y “burbujas inmobiliarias”. ¿Cómo no?, era la conversación de todas las sobremesas en las comidas familiares:

-¡Amaaaa!, ¿vas a venir al banco? (porque claro, ninguna de las dos quiere ser la señora que va al banco).

-Dentro de un rato (cruzo los dedos a ver si se les olvida, porque confieso, a bancos tampoco me divierte jugar)

Y de pronto, ¡bombilla!, veo el cuchillo cebollero con el que estoy cortando la cebolla y ¡atracar un banco sí que me divierte! Me tapo la boca y la nariz con un pañuelo y…

-¡Esto es un atraco!, ¡dadme todo el dinero! (por favor, por supuesto).

-¡ahhhhhh!, ¡amaaaaa!, ¡buaaaaa!

Se acabó el juego. Definitivamente, nuestros intereses no coinciden.

Sin embargo existe otro lugar desde el que estar presente, el de “asistir” el juego, los intereses y el aprendizaje. Esto no tiene que ver con participar jugando, tiene que ver con aportarles el material que necesitan para sus elaboraciones, sujetar un extremo de la cuerda que quiere atar mientras ata el otro extremo, responder o acompañarle a buscar información para saciar su curiosidad, etc.

Espero aportar un poco de la liviandad, que quizás, solo quizás, necesitemos en momentos tan duros para muchísimas personas, entre las que me siento realmente afortunada y agradecida.

Vega Martín. Diplomada en Educación Infantil. Co-fundadora de Diraya.

En BBK Family sabemos lo difícil que es compaginar trabajo con niños y niñas en casa. Por eso te ofrecemos materiales para que puedas entretenerlos aunque sea un poco. Si estás a punto de “ahogarles”, tenemos asesoramiento online, donde des”ahogarte”. Y si necesitas reírte, aquí tienes unos vídeos para divertirte con las situaciones que estamos viviendo con el confinamiento.

 

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