Esta palabra seguramente os sorprenderá porque aquí no la utilizamos. Es una palabra que nombra una “función”, lo mismo que  PATERNIDAD, MATERNIDAD, HERMANDAD… son funciones a las que les damos un sentido, y sabemos que significan.

Así como una madre cuando realiza la función  materna, está ejerciendo la maternidad, la abuela ejerce una función también, que es la abuelidad. Esta palabra no distingue de sexos, tanto el abuelo como la abuela, pueden ejercer la abuelidad, seguramente porque los dos pueden realizar la misma función, cosa que no pasa con la maternidad y paternidad.  La palabra  Abuelidad  tiene todo su sentido, porque un padre y una madre en el momento en que su hija da a luz, pasa a ser inmediatamente abuelo/a, y sabe perfectamente lo que tiene que hacer, le sale espontáneamente.  Les hace compañía, les da cuidados, tanto a la madre como al bebé, y, posteriormente, se van añadiendo tareas que no están muy bien definidas, pero  “lo que impera es el amor”. (Trataremos las tareas) 

Cuando un bebé nace, ya trae una historia que le precede, un apellido que marcará su identidad. Se estructura con su historia familiar, con las vivencias de sus antepasados transmitidas de padres a hijos, pero si éstas  pueden ser  transmitidas directamente a través de sus abuelos, son mucho más enriquecedoras.

Las referencias de los abuelos son muy importantes para el bebé, y cuando faltan, tanto a la madre como al bebé y al nuevo padre, les falta alguien muy importante en ese momento. De hecho, la felicidad de ser padres se ensombrece, y cuando el bebé crece hay que proporcionarle esa referencia que le falta: contarles cómo se llamaban sus abuelos, dónde nacieron, a qué se dedicaban, su historia…Porque les falta parte de su linaje real, y se hace para que no les falte su linaje simbólico, hay que hablarles de ellos, así no se interrumpe la cadena.  Actualmente,  casi todos los abuelos disfrutamos de este momento, y lo celebramos por todo lo alto.  A la vista de esta introducción, podemos decir que:      

LA ABUELIDAD ES EL PATRIMONIO  HISTÓRICO-AMOROSO  DE LA FAMILIA.               

¿Qué es ser abuela/o?

Dar el lugar de padre a otro, sin dejar de serlo.              
Dar el lugar de madre a otra, sin dejar de serlo.               

Los abuelos/as un día tuvieron un hijo, una hija,  incluidos  en su linaje, les nutrieron de su historia familiar y les trasmitieron sus costumbres, su espíritu de vida, sus emblemas familiares.  Los  prepararon  para  tener su descendencia y formar su propia familia.       Cada persona es fin en sí misma, pero a la vez, eslabón  en la cadena generacional, con esta tercera generación,  los/as abuelos/as cumplen con las alianzas generacionales, las propias y las de los hijos,  pero a diferencia del  padre y la madre, los abuelos no tributan como pro-genitores sino como  instauradores  de la posibilidad de que los hijos, a su vez, sean padres.  Esta es la parte teórica, estructural,  podríamos  decir,   la forma de ir creando el árbol genealógico  que representa a la familia, la estirpe.    

¿Pero qué es ser abuelo/a en el día a día?    

Es estar ahí cuando te necesita tu nieto/a, estar a su lado para  escucharle cuando tiene un disgusto, un problema, una escucha tolerante, abierta,  cálida, sin sentir la necesidad de reprenderles, sancionarles o darle lecciones, para eso están sus padres. No hay cosa más antipática para los niños que ir dando lecciones o ser acusica en momentos que pierden las formas.                               

Los abuelos saben que a los nietos y nietas les encanta recibir un detalle especial buscando algo que  saben que les gusta. Esto no es malcriarlo, malcriarlo es consentirles hacer algo que sabes que no les dejan hacer su padre o su madre. Es, aprovechando que no están,   dejarles trasgredir las normas familiares. De alguna manera es una forma de desautorizar a los padres, es una falta de respeto. 

La escucha de los abuelos debe servir a los nietos de desahogo, para  limpiar el disgusto interno, esa congoja, porque ellos  saben que lo han hecho mal, y les duele mucho, están arrepentidos, pero no lo pueden cambiar, lo hecho, hecho está, y  como lo que más desean es ser queridos y han fallado, creen que han puesto en peligro el amor de sus padres.  

    Amor.-  ¿Se ama al nieto o a la nieta por sí, o se ama a los  nietos/as por otra cosa?

Se ama al nieto por sí, de la misma manera que se ama a un hijo porque es mi hijo. No tiene por qué ser listo, guapo, que se parezca a la familia… Porque siempre le encontramos algo que nos encandila. Pero también se ama por otras razones, que podríamos llamarlas narcisistas, y que no solemos reflexionar en ellas.

Se ama al nieto/a por sí, pero los abuelos/as también se aman a sí mismos/as. Los abuelos nos sentimos gratificados, orgullosos, es como si la vida nos hubiera dado una categoría especial, somos merecedores de un bien particular, especial, entrañable, que nos enriquece y satisface íntimamente.

Además, se ama a lo que fue. Ser abuelo/a es dar el lugar de padres a nuestros hijos, sin dejar de ser padre de nuestros hijos, pero ese hijo/a que fue dependiente  de nosotros ha emprendido su camino, misión cumplida. Se repite esa historia entrañable para los hijos e hijas, pero con añoranza de esa escena lejana para los padres y madres, hoy abuelos,  abuelas, cargados de experiencias y vivencias enriquecedoras. Para los nietos y nietas contar con este patrimonio de experiencias y amor es un tesoro.   

   Autonomía

Los bebes, si todo va y ha ido bien, deberían  poder alcanzar la capacitación para ejercer su futura función maternal o paternal.  El nuevo bebé recibe el mismo tratamiento en su  capacitación para ejercer futuras funciones. Al igual que sus padres, el niño/a observa la forma de realizar las funciones paternas o maternas de su padre y madre  y trata de imitarles, juega a mama y a papa. Los/as niños/as van madurando y reconocen el respeto de sus padres hacia sus propias decisiones, acordes con su edad, primero como adolescente y luego como adultos. Esta capacitación es una labor realizada a muy temprana edad, desde el principio.

Tenemos tres eslabones de la cadena generacional y en la medida en que pasamos el testigo a la siguiente generación, perdemos una función y ganamos otra, esta pérdida de posición es vivida de forma ambivalente,  por un lado con alegría, porque es un indicativo de que hemos hecho las cosas bien, y por otro lado, con una sombra de pena, por la pérdida de esa etapa dependiente tan bonita de los primeros años. Esta pérdida es sentida primero por los padres, pero también alcanza a los/as abuelos/as, tanto en su etapa de padres, como de abuelos. Un eslabón desciende la cuesta de la vida, mientras otro de la misma cadena la escala.       

Hay que tener en cuenta que muchas parejas no desean pasar por esta cadena, hay que  respetar  esas decisiones por parte de los padres y madres, que no van a ser abuelos/as, no hay que presionar a los hijos/as y vivir esa ausencia con  comprensión y cariño.                  

Esperanza

Esperanza colmada con la aparición de una esperada nieta o nieto. Los nietos aparecen como sujeto representativo privilegiado de nuestra nueva e importante función de abuelidad, dando  un lugar a los abuelos, en compensación a las pérdidas y carencias a las que el ciclo  vital  nos somete. Aparece a modo de recordatorio de una historia de amor vivida en el pasado, y nos transporta a una nueva y distendida historia de amor en el momento actual.          

Concebir falsas esperanzas con la aparición de un nuevo miembro de la cadena generacional nos puede llevar a hipotecar el futuro del nieto/a, si no es físicamente, sí imaginariamente, y atribuirle la responsabilidad de cumplir nuestras expectativas. Esta cadena es la que hay que evitar y dejar a los nietos que elijan libremente. No podemos caer en el error de pronunciar estas palabras: “Lo que no conseguí con mi hijo, lo hará mi nieto.” Se trata de tener valor para afrontar la palabra “abuelo”, “abuela” con toda su dignidad y responsabilidad, sin intentar escamotear su auténtica función.             

Valor

La abuelidad es fundante, no solo una relación de los abuelos/as con sus nietos/as, sus hijos/as, también consigo mismo, con sus historias, con su presente y con los demás miembros del grupo familiar y social. No olvidemos que  se trata de un nuevo y complejo lazo generacional, un gran cambio que exige una metamorfosis. Metamorfosis que se suele manifestar con una crisis, “crisis de la abuelidad”. Crisis que suele ir acompañada de angustia o ansiedad, provocada por la pérdida de funciones anteriores, y duele, y este duelo hay que elaborarlo, para dar lugar a nuevas identificaciones,  que permitan  otro tipo de relaciones, de objetivos, de ilusiones  que sean también gratificantes.          

Esta crisis, a veces se manifiesta socialmente, negando u ocultando  este nuevo estatus, reflejando  un  mal estar o síntoma. Por eso es comprensible que siempre encontremos a alguien que quiera eludir la palabra “abuelo/a”, sin renunciar  al cariño de los/as nietos/as.  También se puede salir airoso, cambiando la palabra. Es curioso que en otros idiomas no existan las palabras específicas “abuela” “abuelo” y lo nombren como “gran padre” o “gran madre”, o como en el mundo árabe que es sustituida por la palabra “gadd” que significa respetable. 

Pero, ¿Cuál es la función de los/as abuelos/as? Como hemos dicho, darles cuidados, pero esos cuidados varían con la edad, si nuestros hijos e hijas nos dejan al cuidado de un bebé, los cuidados son muy agradables y sencillos salvo que aparezca alguna complicación. Si nos dejan al cuidado de niños entre 3 y 9 años, es más complicado, ya que a esas edades los niños y niñas ya tienen unas costumbres  y normas específicas de su núcleo familiar. Los abuelos, las abuelas no tienen por qué saber esas normas, por eso conviene preguntar al padre o a la madre cuales son, al menos las más importantes y llegado el caso, hablarlas con los nietos/as para evitar malos entendidos. En este momento son la autoridad, ejercida con todo el cariño.                

Pero cuando el cuidado es continuado, como hacerse cargo de sus nietos/as todos los días de la semana durante el periodo escolar, la cosa es más compleja, porque en realidad están ocupando un lugar más allá del que les corresponde, se ha delegado en ellos tantas horas, que les toca hacer de cuidadores y educadores. Son los padres y madres quienes tienen la autoridad para esa ardua tarea, por eso deben hablar con sus hijos/as, sobre todo cuando ya son preadolescente o adolescentes y dejarles bien claro que por las circunstancias que sean, los/as abuelos/as se van a hacer cargo de ellos, y en ese momento, ellos como padres delegan la autoridad en los abuelos, tareas que corresponden al padre o a la madre.       

Las normas que proceden de los abuelos, abuelas, a veces, los nietos las acatan mal, seguramente porque saben que esa labor no les corresponde y se ponen desagradables, incluso faltan al respeto.  Es el momento de echarle valor  para establecer una normativa  sobre las sanciones,  sí o no, sí pero: debe ser proporcionada. Debe ser en el mismo momento. No debe ser degradante. Los nietos/as, como cualquier niño/a,  intentan escamotear los límites  saltándoselos,  aprovechando que no están sus padres, aquí es cuando los abuelos deben poner orden para una convivencia armónica, con una cierta flexibilidad, siempre y cuando impere el respeto mutuo.  “Todos hemos escuchado: Pues mis padres me dejan” Teniendo en cuenta que cuando lleguen sus padres, se tiraran a sus brazos como es normal, y los abuelos sobran. Esto lo hemos hecho todos, y ahora sabemos que duele.          

Esclavitud

Hay casos en que los abuelos y las abuelas son algo más. Por un lado los padres y las madres no pueden conciliar el horario laboral con el horario escolar, y los gastos se disparan al tener que contratar a alguien para estas tareas,  y  más con la crisis y actualmente con la pandemia. El estatus de los/as abuelos/as los exime de algunas responsabilidades. Recordemos que la función paterna es responsable de cumplir y hacer cumplir la ley, saber introducir el límite con su manera personal de educar. Pero la función de los abuelos y abuelas, también requiere ajustarse a unas normas, las normas del respeto a la manera de hacer de los hijos e hijas, hoy padres y madres, lo hagan bien o mal, se puede estar de acuerdo o no, pero es su criterio.          

Incluso es bueno que los nietos y nietas comprendan, que los abuelos y las abuelas pueden no pensar como sus hijos, hoy sus padres, entonces ellos también  sentirán que pueden no pensar como sus padres, y no sentirse mal por ello, lo que no quita que  los respeten profundamente. Que el respeto sea mutuo.  Los/as nietos/as no deben sentir que los/as abuelos/as juzgan, invalidan o condenan las determinaciones de sus padres. El abuelo/a debe trasmitir a los nietos/as, el respeto a ellos  y a sus padres, madres.   La relación abuelos/as – nietos/as, no es puentear a los padres y madres, es a través de los padres y las madres como deben comunicarse.  Esto da a los niños y niñas estabilidad.  

Estas tareas para algunos abuelos y abuelas les supone una carga, una excesiva responsabilidad, y les puede producir ansiedad, originando síntomas como: agotamiento, estrés, angustia, e incluso depresión. Se nos presenta un dilema: ¿Cómo salir de esos síntomas y a la vez continuar con la tarea extra que hemos asumido?    ¿Nos quedan reminiscencias de esos/as abuelos/as  fuertes y poderosos/as, que podían con todo? ¿Hemos  hipervalorado nuestras fuerzas?  ¿Seremos capaces de trasgredir esa herencia?  Está en juego nuestra salud. Considerando el reconocimiento que merecemos después de una vida de trabajo, bastante más dura que la actual, es hora de  una recompensa, ha llegado el tiempo para nosotros/as, y disfrutar de los nuevos avances a todos los niveles, con las ocupaciones  que queremos asumir, sin cargarnos de deberes a veces innecesarios.   Finalmente: ¿de quién somos esclavos/as? De los nietos/as. De los hijos/as.  De nosotros/as mismos/as.  

Flaco favor les hacemos a nuestros/as hijos/as, si nos agotamos y luego tienen que cuidar de nosotros/as también. Así que midamos nuestras fuerzas y disfrutemos de los nietos y nietas, ahora que las vacunas nos están dando esa posibilidad.     

Juana de Julián, psicoanalista                        

*La palabra “abuelidad” es un término fundante, acuñado por la escritora  argentina Paulina Redler, autora del texto: “Abuelidad más allá de la paternidad.”                           

Cuentos de la mediateca de BBK Family que te pueden servir de ayuda           

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