niño en parque

Dañarse es importante, porque se aprende

Cuando me propusieron el tema de Buen Trato yo propuse añadir esta pregunta: bueno; ¿para quién?, porque tenía en mi memoria un encuentro reciente que había tenido con niños y niñas de Colombia en los meses anteriores, y en este encuentro de Bogotá, Andrea una niña de 9 años me dijo: “Dañarse es importante, porque se aprende”; con lo cual cuando me hablaron de buen trato yo pensé en Andrea y me pregunté qué relación puede existir entre buen trato y dañarse. Esta frase me impactó, como me impactan siempre las frases que dicen niños y niñas que no escucharon de sus personas adultas, que son suyas, son infantiles, porque Andrea nunca pudo haber escuchado de sus padres  “por favor, dáñate, porque así se aprende”; esta era una consideración personal de una niña y ¿por qué me provocaba curiosidad?, porque lo que yo sé no solo porque lo veo, sino porque yo también me porté así con mis hijos y con mis nietos, es que la idea del buen trato para las personas adultas suele ser cuidarles, acompañarles, vigilarles, que no corran peligro, que no se dañen.

Yo creo que tenemos que mirar estos dos puntos de vista, qué puede ser el buen trato y qué debería ser el buen trato, examinando los diferentes ambientes donde esto puede ocurrir a niños y niñas que viven con nosotros en la escuela, en casa y en la ciudad. Y me gusta empezar con una metáfora que puede ser útil. Cuando un niño o una niña tiene pocos meses tenemos la costumbre de ponerle en el parque, esta estructura de madera o de plástico y de metal, en la cual tenemos a un niño pequeño con todos sus juguetes pensando que allí está bien, porque tiene todo alrededor, no necesita otras cosas, no corre riesgos, no le ocurre nada. Esto es un poco la actitud básica que las personas adultas tienen con sus hijos e hijas, y se sigue teniendo durante bastante tiempo, que no le ocurra nada y esto es el problema. A los niños y niñas tiene que ocurrirles algo, tienen que moverse, tienen que buscar, porque estas son actitudes muy importantes del desarrollo.

Luego crecen y llega su habitación, donde los niños y las niñas pueden estar por su cuenta seguros y seguras  y no molestando. Me parce que estas son las dos preocupaciones más importantes de las personas adultas durante mucho tiempo también.

Actividades extraescolares, buenas ¿para quién?

Además, en cuanto al deporte, detrás de todas las actividades que la familia ofrece a sus hijos e hijas hay una idea bastante rara pero muy presente de que no hay que perder tiempo, con lo cual si los niños tienen una tarde libre allí podemos colocar algunas actividades que podrán ser útiles para mañana. Una actividad creativa, artística…. y si observamos como los niños y niñas viven estas experiencias es muy interesante. Valdría la pena hacer una encuesta de cuantas actividades deportivas nuestros hijos y nuestros nietos han cambiado a lo largo de su infancia. Y esto significa que se eligen con criterios dudosos, son los padres y madres quienes eligen por los hijos o las hijas pensando que esta actividad les hace bien, vale la pena o porque a ellos les gustaba mucho y “yo no pude hacerlo y ahora mi hijo puede hacerlo, vivir esta experiencia”. Y cuando las niñas, los niños cambian la actividad deportiva que hacen, supone que este deporte que dejan lo odiarán, lo borrarán de su vida, y así puede ocurrir con un instrumento musical, con una lengua extranjera, con lo que estas actividades que ofrecemos con generosidad resulta que tienen un valor muy bajo.

Y después está todo el tema del juego y lo normal es que el juego se ofrezca a través de juguetes, la habitación de los niños y niñas, especialmente en los primeros años, está llena de juguetes, y es una forma en que las personas adultas aprovechamos para pagar por un sentido de culpabilidad de estar poco tiempo con nuestros hijos e hijas. Y por lo cual compensamos esta falta de cercanía regalando juguetes, posiblemente caros. Y muchas veces son juguetes que se juegan solos, que hay que admirarlos más que aprovechar para jugar.

Otra oferta que hacemos a nuestros hijos e hijas es la de llevarles al parque, para ofrecerle la experiencia del juego  o eso es lo que pensamos. Y ¿cómo pueden pensar que llevar a una niña o a un niño a un parque donde hay columpios, toboganes, consumir juegos hasta que se cansen y pidan volver a casa, en donde están  acompañados por personas adultas y vigilados, tenga algo que ver con el juego y con el jugar?

La escuela no para ni en pandemia

Y ¿qué pasa con la escuela? ¿Cuál es el buen trato de la escuela? Allí la cosa llega a ser un poco más complicada, porque si en la escuela se habla de buen trato, se habla del buen trato de las personas adultas respecto al alumnado. Pero son los niños y las niñas quienes tienen que estar interesados, atentos a lo que ocurre. Y el profesorado se queja a padres y madres, “su hijo no me escucha, no está atento, no me sigue” y esto ocurre en una situación rarísima porque a los niños y las niñas en la escuela se les pide estar muchas horas sentados en el mismo lugar haciendo de todo y pretendemos que estén interesados y atentos; es un poco raro, porque estar en mismo lugar durante mucho tiempo para un niño o una niña no es normal ni tampoco estar sentado todo el rato. Además es peligroso físicamente, hace daño a la estructura del cuerpo, y allí en este mismo lugar sentados hacer de todo es aún más raro porque allí sentado se hace matemáticas, lengua, geografía, historia, dibujo, canto, y esto claro que es una propuesta muy complicada, y aún más complicada para los niños que tienen más problemas escolares que deberían ser los que tendrían que tener la atención más alta de los educadores y son los que perdemos, porque no pueden seguir, no les da tiempo; el cambio de una profesora con otra profesora, de cambiar todo lo que necesitan… este cambio tan rápido que necesita cambios no solo de un libro que se cambia por otro, sino que necesita cambios cognitivos y esto es muy complicado.

Es interesante notar como todo esto se ha evidenciado de una manera paradójica con la pandemia, porque la escuela, en la pandemia, es como si fuera llevada a su nivel más puro, una escuela pura, porque lo que se salvó, por lo menos en Italia , fueron clases y deberes, el pupitre fue sustituido por una pantalla; estaban sentados frente a la pantalla durante horas, en su casa y en esta escuela virtual se conservó solo lo que a la escuela le pareció su vocación, clases y deberes, por fin la escuela pudo evitar todo lo que es una molestia, el recreo, las bromas, el transporte, la relación entre compañeros y compañeras, porque esto muchas veces está prohibido, hablar entre el alumnado, hacer bromas, y el recreo es un regalo.

Esta escuela pura fracasó totalmente, de las encuestas que hemos hecho estos meses, todos nos contaron que estaban hartos de deberes y aburridos de clases por una pantalla. Y este es un poco el panorama.

La transgresión hoy en día es un lujo que los niños y niñas no pueden permitirse

Decía también la ciudad, cual es el buen trato de la ciudad respecto a la infancia. Normalmente son estos espacios reservados a los niños y las niñas para jugar. Volveré sobre este tema. Pero aquí yo invito a una reflexión, conectada con una experiencia reciente. Me pidieron en estos meses escribir un artículo, “Niños, infancia y transgresión”,-título raro- y yo empecé el artículo con esta frase: la transgresión hoy en día es un lujo que los niños no pueden permitirse. Porque la transgresión es un lujo, porque es una posibilidad abierta y tiene una relación profunda con las normas. Evidentemente transgredir supone no respetar una norma, y hay que considerar que no respetar una norma no es una cosa buena, es una violación, a veces se merecen castigos violando normas; dañarse es una transgresión, porque los padres siempre nos recomendaban que no nos dañásemos. Pero Andrea dice “se aprende dañándose”, y podemos decir que transgrediendo se aprende, el tema verdadero es que si queremos que nuestros hijos e hijas asuman y respeten normas, tienen que poder transgredirlas o elegir no transgredirla. Pero es un proceso  y es evidente que si los llevamos siempre de la mano, la norma no es necesaria. Porque las normas somos nosotros, nosotras. Si los acompañaos al parque para que jueguen, somos nosotros y nosotras quienes les decimos “es hora de volver a casa”,  no tienen que organizar sus juegos para aprovechar el tiempo que les interesa y volver a casa antes de que el tiempo se acabe.

Aquí hay toda una sabiduría infantil, el forzar las normas. Yo me acuerdo que de niño la idea era que a las 7:00 h teníamos que estar en casa, a veces sabíamos que si llegábamos a las 7:30 al día siguiente no se salía, con lo cual se podía llegar a las 7:05 h, esta hora era el límite, y si podíamos lo forzábamos un poco más unas semanas después, y esto es un buen ejemplo para lo que quiero explicar ahora, la parte de Andrea, la del aprendizaje, en el cual los niños y niñas son protagonistas.

La educación no tiene como fin que hijos e hijas cumplan las expectativas de padres y madres

Los estados convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y crítica del niño hasta el máximo de sus posibilidades. Aquí podemos pararnos y reflexionar con este compromiso tan explícito, claro y profundo, porque esta ley que tiene un valor jurídico muy alto, y pese a todo, siempre suele entrar en conflicto con reformas educativas de los países, con programas educativos… Y esta convención dice una cosa muy clara y no es que la educación tenga como fin que los hijos y las hijas consigan los objetivos que madres y padres desean, que respeten las expectativas de padres y madres, ni dice que la escuela tenga como objetivo que el alumnado consiga los resultados previstos en los programas.

Dice lo contrario, que tiene que estar encaminada a desarrollar la personalidad de los niños y niñas, sus aptitudes hasta el máximo de sus posibilidades. Así que el protagonista de la educación es el alumnado, porque el buen trato no es cuidar, acompañar y dirigir, es dejarles volar. La alternativa es coger una vieja manta para que el niño o la niña se pueda salir de ella, arriesgar, moverse, llegar hasta un rincón, no ver a su mamá y llorar, pero viviendo una aventura y puede gatear y llegar hasta donde está su mamá o su papá molestándolos, y este es el papel que tiene que desarrollar un niño o una niña.

El buen trato es la autonomía, es el amor, es la confianza, te quiero tanto que te dejo salir, porque confío en ti, sé que tú eres capaz, que tú eres responsable, y esta experiencia de autonomía, es la que nos ayuda y permite conocer a nuestros hijos y nuestras hijas.

Italia, España, Portugal, son los países en los que a nivel internacional hay menos autonomía en la infancia. En Italia en una investigación que hicimos hace años en la que se medía la autonomía sobre el recorrido casa-escuela, en primaria, no superaba el 7%, significa que en primero, segundo, tercero, nada y en quinto  la autonomía de los niños no superaba el 15% y en la secundaria inferior no superaba el 50%. Chicos de 12 años acompañados por los padres, así que porqué digo que estamos perdiendo una gran experiencia, una gran ocasión, porque cuando decimos a nuestro hijo confío en ti, ya sé que eres capaz, y cuando vuelvas me cuentas, eso es conocer a nuestros hijos e hijas, a través de lo que nos cuenta, si han vivido el juego así como necesitan. Esta es una experiencia que hay que recuperarla.

Dice Gabriel García Márquez que se nace, escritor, pintor o músico, y quiere decir que cuando llega a primaria un niño o una niña puede llegar predispuesta a uno de estos oficios, pero su destino puede ser mejor si alguien le ayuda a descubrirlo, y no para forzarlo sino para crearle condiciones de ser. García Márquez dice que hay que hacer siempre lo que a uno le gusta y solo esto, es la fórmula magistral para una vida larga y feliz.

El niño y la niña deben de hacer especialmente lo que les gusta

Yo no sé si soy tan radical como Gabriel García Márquez diciendo que haga solo lo que le gusta pero sí que creo que tiene que hacer especialmente lo que le gusta, pasando de una disciplina a la otra es difícil encontrar su talento, especialmente pensando que las propuestas escolares son pocas y van reduciéndose a medida que crecen.

Estas comprenden los lenguajes del cuerpo, del arte, los lenguajes de la sensibilidad, de la emoción, pero ya cuando pasan de infantil a primaria, se va perdiendo interés por varios lenguajes, es muy interesante por ejemplo el destino del dibujo que es uno de los lenguajes fundamentales del hombre, que pasa a ser un adorno.

Muchas veces se les dice “haz algo para no molestar a tus compañeros” y el dibujo pierde su sentido expresivo y llega a ser un pasar tiempo, no molestar y normalmente los dibujos que salen son fotocopias, el niño hace siempre el mismo dibujo porque solo sirve para hacer algo y no crear problemas en la clase. La escuela debe de ser el lugar donde  niños y niñas encuentren su afición, su don, por lo tanto la escuela del buen tato es la que ofrece un amplio abanico de lenguajes, para que cada uno encuentre el suyo.

Por eso yo propongo que la escuela renuncie a las aulas, se parece demasiado a la cárcel, a lugares iguales que no tienen nada que ver con lo ecológicamente sano. La escuela necesita diversidad, sabéis que si el ambiente pierde diversidad muere y la escuela es pobre, más que pobre, por lo cual tiene que ser una escuela de laboratorios y de talleres, donde cada lugar tenga un sentido, la huerta en el jardín, la carpintería o el taller de bicicleta en el sótano, la biblioteca para hacer lengua, el laboratorio de ciencias, el taller de arte, lugares distintos de manera que la experiencia de la escuela sea un viaje. Y devolvamos el juego a los niños y niñas, olvidémonos de planificarlo, dejémosles elegir.

Francesco Tonucci por ser maestro, pedagogo y, sobre todo, por su vocación por la infancia se ha hecho merecedor del título de “niñólogo”. Investigador del Instituto de Psicología del Consejo Nacional de Investigaciones (CNR) de Roma, ha dedicado su actividad profesional al estudio del pensamiento y del comportamiento infantil en el ámbito de la familia, la escuela y la ciudad, siempre “con ojos de niño”.

Francesco Tonoucci participó el pasado 21 de abril en las Jornadas de Buen Trato a la Infancia y Adolescencia de BBK Family. Este artículo es un extracto de la ponencia que impartió.

Aquí tenéis la revista para que os la descarguéis con los resúmenes de las ponencias y los vídeos. Y dentro del PROYECTO DE SENSIBILIZACIÓN SOBRE EL BUEN TRATO, además del documental que estrenamos la semana pasada, “Ganar una infancia” con la Fundación Athletic, están disponibles en nuestra plataforma BBK Family Learning los cursos online gratuitos: Buen Trato. Hogares seguros” y “Buen Trato. Deporte y familia. Ya puedes inscribirte pinchando en la imagen:

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