Familia completa

Cuatro miradas para re-conocer la influencia de la relación entre la crianza que has vivido y la presente relación con tus hijos e hijas

Continuando con el artículo publicado anteriormente en BBK Family, ¿Cómo el pasado (la relación con tus padres) influye en la presente relación con tus hijos e hijas y cual es el legado de esa crianza? queremos poner el foco en cuatro claves que nos pueden ayudar a tomar conciencia sobre el cómo nuestra propia crianza puede estar trasmitiéndose de manera a veces muy poco consciente en nuestra manera de criar. Tratando de hacernos conscientes de este legado para incorporarlo de una manera más integrada y quizás sobre todo más liviana en nuestras relaciones de crianza.

El reflejo de los modelos de familia vividos en nuestro nuevo modelo familiar.

Te propongo un ejercicio. Busca un lugar tranquilo, siéntate en una silla, relájate y trata de recordar en palabras de tu madre qué es lo que te dijo acerca de los hombres o de las mujeres, del dinero, del trabajo, de las responsabilidades, el disfrute, etc… Elige entre todos estos temas o los que se te puedan ocurrir, uno. Y después de escuchar a tu madre, durante uno o dos minutos, escucha lo que te decía tu padre, tus abuelos, de uno en uno por parte de padre y de madre. ¿De qué te das cuenta? ¿Hasta qué punto tu sistema de creencias coincide con las frases que has escuchado?, ¿hasta qué punto coincide con algunas personas y no con otras?, ¿a quién eres más leal, a quién menos?, ¿hasta qué punto has podido reaccionar con algunas de esas frases moviéndote hacia elecciones opuestas a lo escuchado? ¿hasta qué punto tienes un criterio propio que se diferencia de todos y cada uno y que integra partes diferentes de todas y cada una?

Estas y muchas otras preguntas pueden ayudar a tomar conciencia sobre los modelos de familia que hemos recibido. Sobre el sistema de creencias de nuestra familia. Sobre en qué medida ha incidido en la ideología, en los a prioris, en la manera de ver la realidad o en elecciones tan concretas como el tipo de colegio, el tipo de trabajo, el valor de los estudios, la responsabilidad, la educación igualitaria o los modelos de género de nuestra propia familia creada… (Utilizo el concepto de familia creada (sistema familiar que dos personas crean cuando tienen hijos e hijas) en contraposición con concepto de familia de origen (sistema familiar del que proviene cada uno de los integrantes “adultos” de la familia creada)

En esta misma línea puede ser interesante también preguntarse sobre algunos elementos en torno al modelo de familia en el que hemos sido criados. Como los mitos o historias familiares: ¿quiénes son las personas más relevantes, los ejemplos de superación, las “verdades” de mi familia sobre lo que está bien o mal? Los mandatos familiares que hemos recibido, o cuáles serían esas frases o sobre todo actitudes y miradas que nos en transmiten lo prohibido, y lo deseado: “lo importante es el esfuerzo”, “primero la obligación y después la devoción”, “debes cuidar que los demás”, “cuidado con los hombres” … O las atribuciones: “eres como tu abuelo”, “como tu tía” … O cómo integramos todos estos elementos en forma de guiones de vida, al modo Escarlata O’hara, como un lema que guía nuestras vidas: “a partir de hoy me van a ver”, “cuidaré de mis Hermanos”, “necesito que me sostengan” …

-En cada familia creada podemos encontrar dos modelos, historias, relatos, y sistemas de creencias familiares que confluyen, se integran o pelean entre sí.

Si bien decimos que los modelos de familia marcan a cada uno de los padres o madres, una de las consecuencias lógicas de este hecho va a ser que, al emerger una nueva familia creada, estos dos modelos de familia van a influir, de un modo u otro, tanto en la pareja, como en el modelo de familia que estamos transmitiendo. Y esto se puede hacer a través de una integración más o menos consciente de ambos modelos, de la exclusión de uno de ellos y el “triunfo” del otro, hasta una suerte de pelea o lucha de diferente intensidad entre ambos.

En este sentido es importante de tomar conciencia del “estado de la cuestión” en nuestro modelo de crianza en el sentido de fluidez o integración de los diferentes modelos o tensiones que provoca, tratando de hacer un ejercicio consciente de integración en la medida de lo posible. Pudiendo comprender también es lo que implica la exclusión o la preponderancia de uno de los modelos sobre el otro en el sentido de cómo nos puede afectar como padres o madres la “renuncia” a creencias, valores o elementos que han sido importantes para nosotros, y la pérdida que puede suponer para nuestros hijos e hijas.

Finalmente, también puede ser interesante comprender hasta qué punto el modelo de familia que estamos construyendo no sólo se parece, sino que también se diferencia de ambos modelos de familia de origen. Hasta qué punto el modelo de nuestra familia creada tiene valores, ideas, creencias propias que también lo hacen diferente. En este punto es curioso y paradójico como el conflicto, su gestión y digestión entre los miembros de la pareja puede ser uno de los elementos que nos ayuden a diferenciarnos de los modelos recibidos para encontrar nuevos equilibrios y equilibrios diferentes y propios de nuestra familia.

-El reflejo de nuestro ser hijos e hijas en nuestro ser padres y madres.

Un tercer elemento sobre el que podemos poner conciencia tiene que ver con hasta qué punto nuestro haber sido (o seguir siendo) hijos e hijas está influyendo en nuestra manera de criar. Por ejemplo, preguntándonos hasta qué punto nuestro ser adolescentes y haber sido criados con más o menos responsabilidad, con más o menos rigidez, con mandatos más limitantes o represivos puede estar incidiendo en nuestra manera de ser padres y madres en la adolescencia de nuestros hijos e hijas.

Llevamos incorporadas en nuestra historia personal vivencias más o menos marcadas de cada una de las etapas de nuestra infancia. Desde la desconocida huella de las primeras horas y días (ese primer año que, según los psicólogos, deja tanta impronta en el carácter que desarrollaremos como personas adultas), el desarrollo de la autonomía de los primeros años o el cómo hemos sido confrontados con nuestras rebeldías adolescentes. Etapas que van a ir recorriendo nuestros hijos e hijas y en la que vamos a ser las personas clave para su desarrollo.

En no pocas ocasiones podemos ver este reflejo al repetir las mismas frases que hemos escuchado, al reaccionar de una manera excesiva ante situaciones que en principio no requieren de tanta energía, al sentir emociones que también nos pueden llegar a retrotraer a esas vivencias como hijos e hijas. Los mecanismos de defensa y en concreto los mecanismos de proyección especialmente van a estar muy presentes en el reflejo que nos muestran nuestros hijos e hijas de situaciones que nosotras mismas hemos vivido, y que de algún modo nos ha dejado también marcadas.

Preguntas como: ¿cómo ha sido la relación de afecto?, ¿cómo me han trasmitido el cariño de manera corporal en los primeros años?, ¿cómo me trasmitían los límites en los primeros años?, ¿cómo me hacía sentir esta limitación y cómo la estoy trasmitiendo yo con mis hijos e hijas? ¿cómo fue mi vivencia de ser adolescente y en qué medida puede estar influyendo mi manera de posicionarme con mis hijos e hijas? Pueden ser buenas maneras de tomar conciencia de esta influencia.

Cambiando la pregunta. ¿Cómo nuestras crianzas pueden aportar al legado que recibimos?

Hay una imagen muy sugerente con la que solemos trabajar en talleres. Es la imagen imaginada de todas las personas que, conocemos o no, y que han hecho falta para que nuestra vida haya sido posible. Una invitación a sentarse a cerrar los ojos y a ir colocando en nuestra espalda, a nuestro padre a nuestra madre y justo detrás de ellos a sus padres/madres y así sucesivamente. Cuando somos capaces de conectar con esa imagen nos damos cuenta de esa inmensa línea de personas que, directamente, han hecho falta para que nosotras estemos hoy aquí.

Cuando el artículo que originó esta reflexión salió a la luz se tituló: “Nuestro pasado afecta a nuestros peques… ¡ojo!”. Ponía así el foco en la necesidad de estar alerta ante esta influencia para poder elaborar modelos de crianza más acordes con lo que queremos transmitir.

Es cierto, como venimos diciendo, que es importante la toma de conciencia en este sentido para ganar más libertad y capacidad de decisión en relación con lo que queremos aportar u ofrecer a nuestros hijos e hijas a través de la crianza. Sin embargo, a mi modo de ver, también es importante ser capaces de dar la vuelta a esta mirada y empezar a preguntarnos, no tanto por aquello que afecta nuestra crianza y cómo podemos “liberarnos” de este legado, sino por qué es lo que nosotras y nosotros podemos aportar a este continuo de generaciones al que pertenecemos.

Somos parte de un legado de generaciones que, con sus aciertos y con todos sus errores, han ido dejando una impronta y sobre todo han ido tratando de vivir y trasmitir la vida de la manera en la que han podido, con las circunstancias que les ha tocado vivir. Hoy nos toca continuar con este legado reconociendo lo recibido y tratando también de preguntarnos qué es lo que nosotras y nosotros podemos aportar para que esta vida se siga trasmitiendo.

Aportar a este legado desde tres actitudes: el reconocimiento, la aceptación y el posicionarnos en nuestro propio lugar. Haciendo un ejercicio de reconocimiento y puesta en valor de lo recibido, y de las personas que nos han trasmitido este legado. Aceptando también aquellas partes del legado que no podemos cambiar y que a veces, con no poco dolor, nos siguen dificultando en nuestra vida y en nuestras crianzas, para dejar de actuar ante ellas de un modo reactivo y mecánico. Diferenciándonos de lo recibido para poder también incorporar los valores que elegimos, el propio aporte de nuestra vida y el cruce nuevo que somos como individuos y sistemas familiares que se encuentran en nuestra familia creada.

Raúl Castillo, psicólogo y educador social

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