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Cuando tienes un hijo o una hija, querer recobrar “cuanto antes la vida anterior” es un error frecuente que trae mucha frustración y crisis en la pareja

Alberto Soler es psicólogo y padre de tres hijos, e impartirá el próximo 23 de marzo una charla en BBK Family sobre cómo prepararnos para la llegada de un bebé y cómo reajustar los roles cuando ya estamos en casa.

-Alberto, ¿es bueno digamos “fortalecerse” como pareja antes de tener un hijo o una hija?
Lo ideal es que lleguemos al momento de tener un/a hijo/a con una buena salud a nivel de pareja; la llegada de los/as hijos/as supone un cambio muy importante para la relación, ya que toda la estabilidad que se tenía hasta ese momento desaparece y toca reescribir de nuevo muchos de los principios y bases de esa relación. Es un test de estrés para la relación. Obviamente es mejor partir de una buena base que de una relación con conflictos y tensiones.

-Cuando decides tener un/a hijo/a hay cierta idealización de lo que pasará, ¿qué podemos hacer para prepararnos?
Sí que existe una cierta idealización de la maternidad que deja de lado algunos de los aspectos menos amables de la educación y la crianza. En ocasiones el contraste entre esa visión idealizada y la realidad puede llevar a la pareja a un momento difícil, en el que crean que están haciendo algo mal o que algo no marcha bien, ya que lo que están viviendo no es como habían anticipado. Afortunadamente a día de hoy existen muchos recursos para las familias que les facilitan acceder a información que les ayude en su tránsito a la parentalidad de una forma más constructiva. Grupos de preparación al parto, de lactancia o de crianza, talleres y charlas, libros, vídeos, documentales… Por suerte hoy tenemos más recursos que nunca, aunque eso hace necesario elegir fuentes fiables.


-¿Y cómo pasamos de 2 a 3? ¿Cómo es ese reajuste?
Cuando llega el primer hijo o la primera hija la pareja se enfrenta a muchos cambios, y uno de los principales es la gestión del tiempo y la energía. De repente hay un nuevo miembro en la familia que requiere prácticamente toda la atención y todo el tiempo disponibles, lo cual puede llevar a cierta frustración y sensación de falta de control. En las madres el cambio es mucho más acusado, ya que este cambio es tan grande que afecta a su propia identidad, su libertad, su tiempo y hasta a su salud. En el caso del padre el cambio suele ser menor, pero también está ahí. Tenemos que aceptar que esa criatura va a demandar casi el 100% de los recursos de la pareja, que es normal, pero también tenemos que recordar que esto es temporal. Pretender recobrar “cuanto antes” la “vida anterior” es un error frecuente que suele llevar de la mano mucha frustración y crisis en la pareja. 

-A veces surgen enfados con “los abuelos, las abuelas”, por los excesivos consejos que dan, porque las familias se tienen que reajustar con sus nuevos roles…? ¿Qué podemos hacer?
Bueno, en este caso mi consejo, si me quisieran escuchar, iría más hacia esos abuelos, abuelas, tíos o amigas que dan los consejos; les recomendaría guardarlos para cuando se los pidan de manera explícita. Y es que habitualmente estos consejos que se dan son bienintencionados, pero no siempre surgen de la empatía y, además muchas veces no son solicitados. Hay que respetar siempre las decisiones de cada familia a la hora de educar a sus criaturas, aunque su forma de hacerlo sea distinta a la que nosotros habríamos elegido. 

-Cuando en la educación de nuestro hijo o nuestra hija vemos que nuestra pareja tiene una forma/visión muy diferente a la nuestra, ¿Cómo afecta esto a nuestro/a hijo/a?
La pareja no siempre puede estar de acuerdo en todos los aspectos relacionados con la crianza o la educación de los hijos. Más que estar de acuerdo en todo, lo importante es saber gestionar de un modo constructivo y respetuoso las diferencias. Realmente es positivo para los hijos e hijas que las hayan, dado que se benefician de los diferentes estilos y formas de hacer las cosas de uno o de otro, de la diversidad viene la riqueza. Pero hay aspectos en los que no puede haber diversidad de opiniones, tenemos que escoger una opción o la contraria, y ahí deberemos ponernos de acuerdo. Por ejemplo, en lo referente a la lactancia, la escolarización, el colecho, la organización de los tiempos y el trabajo o el papel de la familia. En estos puntos será necesario mucho diálogo y negociación para llegar a una postura común.

-Y si esto se convierte en un obstáculo, ¿Cómo podemos llegar a consensos?
Como con cualquier otro obstáculo en la pareja. Con buena voluntad por ambas partes y recordando que estamos los dos en el mismo equipo, podemos dialogar y llegar a acuerdos. A veces podremos convencer al otro de nuestra postura, otras veces esto no será posible y uno de los dos deberá ceder. Si es muy importante para nosotros, nosotras, podemos invertir mucho tiempo y energía en argumentar y tratar de convencer al otro. Si no es tan importante, muchas veces lo más práctico es ceder.

– ¿Es posible “contagiar” a tu pareja formas de hacer o reflexiones de cursos sobre crianza que estás haciendo sin que se sienta “cuestionado”?
Es muy importante cómo planteamos las cosas. Debemos recordar que no hay una forma “adecuada” de afrontar una situación, sino que pueden haber muchas opciones válidas. No es lo mismo enfocar el tema con un “mira esto qué interesante, puede resultarnos útil” que con un “¿ves cómo lo estás haciendo mal y yo tenía razón?”.

– A veces no quieres “desautorizar” a tu pareja pero qué puedes hacer cuando ves que está muy enfadada y se está pasando con la bronca al niño…
Salvo que la conducta del otro progenitor implique una humillación o una agresión al menor, lo ideal es esperar y hablarlo luego. Las conversaciones respecto a estos temas se deberían hacer siempre a posteriori, ya calmados, y nunca en presencia de los hijos e hijas, para evitar que la otra persona se sienta desautorizada. 

Por otro lado, cuando esto ocurre y uno de los dos ha perdido los papeles, normalmente en poco tiempo se va a dar cuenta que se ha pasado, y puede que una mirada o un gesto sea más que suficiente. Porque todos somos humanos, todos perdemos los papeles a veces, y no es necesario que venga nadie después a echarnos la bronca. En esos momentos suele ser mejor apoyar a nuestra pareja, y transmitirle comprensión y afecto, que subrayarle lo mal que ha gestionado aquello. Insisto en que no estoy hablando de casos graves en los que se esté dañando a los hijos.

– ¿Es normal que estemos en casa y cada uno esté en una habitación diferente a “su bola” con las pantallas u otros entretenimientos?
Puede ser normal, aunque no es lo ideal. Si con normal nos referimos a frecuente, sí que lo es. Pero si lo pensamos, para el poco tiempo que tenemos a nivel familiar, deberíamos hacer un esfuerzo en compartirlo y hacer que merezca la pena. Todos necesitamos momentos a solas, nuestro propio espacio, pero esto no debería llegar al extremo de perjudicar la convivencia familiar.

-¿Qué podemos hacer cuando las ideas de planes en familia son opuestas? Uno va al monte con el niño y otra se queda siempre en casa o solo quiere ir al cine…
Volvemos a lo mismo: no tiene por qué gustarnos a todos lo mismo. Cada uno tendrá sus preferencias. Es normal. La clave está en el respeto y procurar que un miembro de la familia no acapare todas las decisiones. Unos días cederá uno, y otros días cederá otro. A veces podemos ir todos al monte, otras, todos al cine, otro día podemos dividirnos y unos se van al cine mientras otros se van el cine. Si hay buen ambiente, esto no tiene por qué suponer un problema. El tema es poder estar todos a gusto.

Alberto Soler, psicólogo

No te pierdas la charla online gratuita que impartirá Alberto Soler el martes 23 de marzo a las 18:00 h. Coge ya tu entrada.


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