Amor padre

7 muestras de amor a nuestros hijos e hijas

Los niños y las niñas tienen dos necesidades básicas muy activas: sentirse queridas y seguras.  Si estas necesidades son satisfechas, se sienten capaces de crecer, aprender y “comerse el mundo”. Padres y madres podemos ayudar a cubrir estas necesidades de forma cotidiana. Sólo necesitamos tomar conciencia de ellas, vivir con flexibilidad emocional y adoptar ciertas actitudes y acciones para satisfacerlas.

Os queremos invitar a reflexionar sobre cómo podemos mostrar nuestro amor en el día a día. Además, cómo podemos utilizar algunos juegos, detalles o  sorpresas que simbolizan ese amor y seguridad de una  forma especial.

1- MENSAJES DE AMOR INCONDICIONAL

Nuestros hijos necesitan sentir que les amamos de forma incondicional por su esencia., porque son hijos nuestros, por el vínculo que nos une. Quizás algunos de sus comportamientos no nos gusten o no sean adecuados y tengamos que ayudarles a revisarlos. Sin embargo, necesitan sentir que les queremos y aceptamos a pesar y por encima de eso.

Nuestras hijas no son propiedad nuestra, no son nuestro “miniyo” y no podemos moldearlas a nuestro antojo y semejanza sin considerar su propia identidad. Necesitan sentir que pueden tener sus propias ideas, intereses y proyectos dentro de unos valores de respeto y autocuidado. Así, dentro de un modelo de disciplina que combine amor y firmeza y generando un entorno seguro, podrán ir encontrando su lugar en el mundo y su propia forma de ser.   

Un “detalle sorpresa” para expresar este amor incondicional puede ser DEJAR MENSAJES DE AMOR ESCONDIDOS para encontrarlos cuando menos se lo esperen (en el estuche, debajo de la almohada, en su cuento preferido, en el mando de la consola…) Podemos colocar frases como éstas: TE QUIERO TAL Y COMO ERES, TE QUIERO INFINITO, TE VOY A QUERER SIEMPRE. Si son pequeñas y aún no pueden leer, podemos dibujar algo que lo simbolice (corazones, soles, estrellas, monigotes…)

2-CAJAS DE TESOROS

Ver nuestros puntos fuertes, las cosas positivas, los esfuerzos, los logros…nos genera motivación para crecer y afrontar retos. Por eso, es importante que niños y niñas escuchen mensajes en este sentido. Mensajes lanzados por su entorno y también por sí mismos. No se trata de hacer “halagos” vacíos que creen dependencia, no es cuestión de decirles que todo lo hacen muy bien, sino ayudar a reflexionar sobre sí mismas en este sentido. 

Un “juego” que puede apoyar esto es CREAR UNA CAJA DEL TESORO. Se trata de meter un espejo en una caja de cartón y cerrarla con la tapa (si la decoramos y colocamos el nombre de “caja de tesoro”, estupendo) Invitaremos a nuestra hija a que abra la caja diciéndole que va a ver un tesoro escondido dentro cuando quite la tapa. Después, la ayudaremos a que pueda pensar qué cosas tiene/hace ella que la hacen ser un tesoro. También, podremos aportar algunas ideas al respecto nosotros. Y si sale el tema, es posible hablar de qué cosas le gustaría cambiar…Si nos dice, por ejemplo, que le gustaría bailar mejor, podremos ayudarla preguntándola por aquella vez que bailó mejor, qué pasó, cómo consiguió hacerlo, qué le ayudó, cómo se imagina que sería bailar mejor, qué habrá sido diferente para llegar a ello … Esto le ayudará a tenerlo  en cuenta para otras ocasiones y ver opciones.

3-TIEMPOS DE ESCUCHA

A veces, nuestras hijas empiezan a hablar sin parar y no tenemos tiempo ni para escucharlas. Otras veces, queremos que nos contesten a interrogatorios y no están por la labor.  

Necesitamos tener DISPONIBILIDAD para la escucha. Por ejemplo, si hay algo que ha pasado en el cole que les preocupa u ocupa, podríamos: 

Ayudarles a iniciar conversación y mantenerla, facilitando la canalización de sus emociones. Para ello, es interesante usar algunas frases “comodín” para esto: “¡Qué me dices!, ¡Ajá!, ¡Vaya! ¿Qué más? ¿Y qué pasó al principio? ¿Y qué paso luego? ¿Y dices que te enfadaste?, ¿Y dices que te dio un ataque de risa? ” Sin pasar a juzgar situaciones o dar nuestras soluciones “adultas” en este primer momento.

En un segundo momento (que puede ser 15 minutos o 4 horas después cuando estén más calmadas o receptivas a hablar y escuchar), ayudarles a reflexionar sobre aquello que les puede inquietar o les está entusiasmando, tratando de validar sus emociones, facilitando que se den cuenta de sus capacidades o buscando alguna alternativa o solución si es necesario. “Oye, sobre lo que me has contado esta mañana, ¡Qué agobiada has debido estar! Y aun así le respondiste bien a la profesora, ¿Cómo conseguiste hacerlo? ¿Qué podrás hacer otra vez para estar más tranquila?“

Una pequeña rutina: TIEMPOS DE ESCUCHA. No siempre podemos decidir cuándo nuestros hijos van a tener ganas de hablar. Podemos aprovechar esas veces que se les “notan las ganas” y centrarnos en escucharlas, dejando otras cosas. También, podemos crear específicamente desde que son más pequeños, tiempos de escucha en casa. Por ejemplo, después de merendar, antes de dormir… Dejaremos móviles, pantallas y distracciones varias para sentarnos a su altura, mirarles de forma tierna y decirles que estamos en tiempo de escucha. Quizás al principio, no sepan qué decir o protesten pero después de 2 minutos, algo nos contarán y podremos empezar una conversación… (aunque sólo sea por aburrimiento)

Elsa Punset propone en este vídeo algunas ideas de posibles preguntas a hacer a nuestras hijas, que quizás podamos aprovechar para esos tiempos u otros. Eso sí, antes de preguntar, es mejor dejar que puedan empezar a hablar…

4-ESCUDOS DE FAMILIA

Sentir que perteneces a una familia donde eres valorada y querida y en la que hay unos valores de cuidado mutuo da seguridad emocional. Por eso, es importante hacer sentir a nuestras hijas que forman parte de la familia de esta manera. 

Una manualidad para simbolizar esta PERTENENCIA es crear un “escudo o logo” familiar. En él, podremos colocar alguna frase o elemento común que nos caracterice como familia y también dibujos que cada persona quiera aportar de su propia “cosecha”. Podemos hacerlo en un lienzo y colgarlo en algún sitio de casa, decorar la portada de un álbum de fotos familiares o pintarlo con rotuladores textiles en una bolsa de tela, por ejemplo. Y puede ser interesante poder rehacerlo o redecorarlo de vez en cuando.

5-RINCONES DE CALMA

Es importante que los niños y niñas puedan tener un fondo de emociones agradables (alegría, curiosidad, seguridad, calma) y puedan canalizar las emociones desagradables que les van llegando (y que es necesario que sientan también a veces) Se trataría, en todo caso, de que puedan tener una flexibilidad emocional para ir gestionando sus emociones de una forma adaptativa. Para ello, lo mejor es que nos vean como modelos de buena regulación emocional. De forma que seamos capaces, por ejemplo, de aceptar la llegada de una emoción, entenderla, ver si es adaptativa, no dejar que llegue a una intensidad muy alta y poder pasar a otra emoción más adaptativa para ese momento y lugar.

Una fórmula para entrenar la emoción de la calma puede ser a través de la expresión corporal. Con respiraciones, estiramientos musculares, ciertas visualizaciones, movimientos, masajes y  con EL RINCÓN DE LA CALMA. Este rincón puede ser un lugar de la casa formado por una alfombra, unos cojines, unas mantas, una tienda de campaña de juguete … En él puede haber “botes de la calma”, laberintos de relajación, cuentos, muñecos, material para modelar, una caja de música… u otras cosas que puedan ayudar a alcanzar tranquilidad en un momento dado. Podemos hacer, por ejemplo, una herramienta que nos permitirá ensayar con los niños cómo respirar de forma profunda y colocarla en este espacio. Para crearla, usaremos una pajita, la parte superior de una botella de plástico y una pelota de papel o de ping-pong. Primero se enseña a inspirar por la nariz y, después, a expirar pasando el aire de la boca por la pajita metida en el embudo que hará levantarse a la pelota que habremos metido en éste previamente.

6-RUEDA DE OPCIONES

Los hábitos y las normas están al servicio de dar seguridad a nuestras hijas. No son el objetivo último de la educación sino un medio para dar seguridad. Y en este sentido, habrá normas que tengamos que crear para ser cumplidas “sí o sí” para proteger la salud, la integridad o la convivencia. Y habrá otras normas u hábitos (o un segundo momento de las anteriores) en las que los niños podrán participar de alguna forma en su concreción o puesta en marcha. Y en otros casos, serán las chicas las que tengan que ir tomando sus propias iniciativas y decisiones, asumir consecuencias y aprender de posibles errores. 

Un juego en este sentido es crear una RULETA DE OPCIONES. Por ejemplo, para el hábito de recoger los juguetes, podemos invitar a nuestro hijo a que piense cuatro opciones de cómo podría hacerlo. Después, haremos cuatro divisiones en un plato o círculo de cartón. En cada división escribiremos o dibujaremos una de las opciones. Colocaremos una chincheta con pies cerrada en la mitad del círculo con un clip a su alrededor. De esta forma, cuanto le toque recoger los juguetes, podrá girar la ruleta a ver qué forma toca. Por ejemplo: con una canción, con un baile, despidiéndose de los muñecos, clasificando por colores… 

7-CORAZONES DE PERDÓN Y BOTES DE AGRADECIMIENTOS

El agradecimiento y el perdón son dos pilares básicos que ayudan a las personas a sentirse seguras. Agradecer lo que tenemos o recibimos y pedir disculpas por alguna ofensa que hemos hecho. Y esto es algo que hemos de practicar de forma mutua entre madres e hijos. También los padres podemos dar las gracias y pedir perdón a nuestras hijas.

Algunos símbolos para trabajar esto pueden ser los corazones de perdón y los botes de agradecimiento. Podemos crear corazones para pedir perdón, por ejemplo, con plastilina, con un dibujo o incluso haciendo un bizcocho con forma de corazón… También podemos decorar un bote de cristal o plástico e ir metiendo dentro mensajes de agradecimiento a las personas de la familia, a otras de fuera de casa, a la vida… Se pueden ir juntando durante toda una semana y luego leerlos o verlos el domingo.

Éstos son algunos ejemplos de juegos para simbolizar nuestro amor por nuestras hijas. En cualquier caso, dar amor y seguridad debe formar parte del día a día de forma constante. No se trata sólo de hacer algunas cosas más “llamativas” de forma esporádica sin un fondo.  En nuestro fondo diario debe haber lugar para la expresión del afecto, la aceptación incondicional, el sentido de pertenencia, el agradecimiento, el perdón, la escucha, el cuidado mutuo, la flexibilidad emocional y el fomento de la autoestima y la autonomía.

Hemos de recordar que nuestra misión como padres y madres es combinar la protección con estimular la autonomía, la exploración, la participación… Necesitan salir de nuestra dependencia para crear su independencia poco a poco, sabiendo que necesitarán para ello un entorno seguro. (y que siempre serán y seremos un poquito dependientes)

Para acabar, os invitamos a recordar este texto de René Trossero: 

“Si de veras quieres ayudarme:

No camines por mí, déjame caminar por mi camino;

No hables por mí, déjame hablar y escúchame;

No llores por mí, déjame llorar y acompáñame;

No decidas por mí, déjame elegir y respeta mis decisiones;

No te arrojes al agua por mí, déjame que aprenda a nadar;

No me impongas tu experiencia, déjame hacer la mía;

No aciertes por mí, déjame aprender equivocándome:

Porque yo crezco más con mis errores que con tus aciertos.”

Begoña Ruiz, psicóloga

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