Es mejor ayudarles a pensar y reflexionar cómo resolver algo que darles automáticamente nuestra solución 

Y, ¿cómo se hace esto? ¿cómo se enfoca la comunicación para tener éxito en ello?  ¿Cómo ayudarles a encontrar soluciones cuando hay situaciones conflictivas, dificultades o problemas que se repiten en el tiempo?

En este artículo, compartiremos algunas ideas de cómo mantener conversaciones útiles con nuestros hijos e hijas promoviendo su crecimiento personal y autonomía.

– ALGUNAS CUESTIONES A TENER EN CUENTA ANTES DE LA CONVERSACIÓN:

  • Una conversación implica un intercambio de ideas, opiniones y puntos de vista. Hay que evitar que se convierta en un monólogo.
  • Ha de ser un enriquecimiento para ambas partes, no una lucha por quién lleva la razón.
  • Hay que elegir un momento y espacio de calma y tranquilidad para ambas partes. Sin riesgo de prisas, interrupciones o molestias.
  • Tener claro para qué mantenemos la conversación. No caer en dispersiones que en ese momento no proceden. Y es importante que, ese interés del para qué, sea compartido por ambas partes.
  • Es necesario un clima de respeto, sin juzgar y en el que nuestro/a hijo/a se sienta escuchado y comprendido. Para ello, habrá que empatizar con sus sentimientos. Recordar que nuestro/a hijo/a es más que una etiqueta y será necesario enfocar sus capacidades y conocimientos.
  •  Tendremos que tener paciencia y dar tiempo a que pueda expresar su punto de vista. Será necesario estar en silencio, esperar (aunque le cueste tiempo contestar) y evitar realizar preguntas “metralleta”.
  • Será más eficaz hacer preguntas que dar nuestras respuestas. Las soluciones que una persona piensa son más fáciles de seguir que las que nos sugiere otra gente. Por tanto, es importante ayudar a que nuestro/a hijo/a genere sus propias ideas en vez de decírselas directamente nosotros/as.
  • Será más útil hablar del tiempo presente y del futuro (el pasado es imposible de cambiar) Ante una dificultad, nos centraremos en realizar preguntas sobre:
    el presente (qué está haciendo para sobrellevar el problema, para que éste no se haga más grande o qué pequeños cambios a mejor ha conseguido, qué necesita, qué quiere…
    el futuro (qué ha aprendido para futuras ocasiones, qué hará diferente la próxima vez…)

-DURANTE LA CONVERSACIÓN:

-Al iniciar una conversación con alguien con el que vamos a tocar temas sensibles, es importante pedir permiso (“¿Te importa si hablamos de …, me permites hablar de …”?) Esto denota respeto y promueve la colaboración. Si contesta que no, se respeta su decisión y se le pregunta en qué otro momento se podría tratar.

Durante la conversación, es interesante centrarse en las capacidades. Si sólo se habla de problemas, “defectos”, conductas inadecuadas… se tendrá una sensación de incapacidad y fracaso.

Así, podemos preguntar sobre qué soluciones pone en práctica y funcionan para llevar mejor la situación, que no vaya a peor o que mejore. (“¿Qué te está ayudando a aguantar esta situación? ¿Qué haces, piensas que te ayuda a que esta situación no vaya peor? ¿Qué valores/habilidades/estrategias tuyas crees que pueden ayudarte?”)

También, preguntar por sus aficiones o aspectos de su vida en la que es bueno y qué hace para que se le dé bien. Después, podríamos preguntarle cuáles de esas habilidades, estrategias o acciones puede usar ante una dificultad o problema que estemos tratando.

Y es importante que se atribuya méritos a sí mismo/a sobre las buenas ideas o logros que ha tenido o va teniendo. De esta forma, sentirá que puede repetirlo y no es algo que se atribuya a la suerte o a otras personas.  “(¿Cómo se te ha ocurrido esa idea tan buena? ¿Cómo conseguiste mantener el autocontrol en esa situación tan tensa? ¿Qué cosa hiciste que te ayudó a conseguir eso?”)

A veces, nos encontramos con situaciones en las que nuestro/a hijo/a no asume responsabilidad en la situación. Por ejemplo: “Suspendo porque me tiene manía la profesora”. Se le podría preguntar: “¿Qué le ayudaría a la profesora ver en ti para que no te tuviese tanta manía?” De esta forma, le responsabilizamos de parte de la relación que tiene con la profesora y así puede hacer algo para cambiar esa situación.

Si, por ejemplo, no acepta que las mejoras son logros propios y dice que “Ha sido la suerte” o “Me han ayudado”, se le podría preguntar: “¿Qué ve esta persona en ti para querer ayudarte?” y “¿Qué has puesto de tu parte para aprovechar esa ayuda o esa suerte?”.

Es una buena idea ayudar a identificar las diferencias que hacen que no se dé el problema, o si se da con menor intensidad o frecuencia. Podemos preguntar: “¿En qué momentos se da en menor medida eso que te preocupa? ¿Qué ha ido mejor desde la semana pasada? ¿Con qué personas te sientes mejor? ¿En qué ámbitos no aparece esa sensación que te agobia?”

A veces, nuestro/a hijo/a puede estar muy agobiado/a con el problema y no es capaz de ver mejorías. Una forma de sacarle de esa situación podría ser pedirle un ejercicio de imaginación y que se imagine qué estaría haciendo si ya no tuviera el problema. De esta manera, le ayudamos a ser más creativo/a en buscar opciones diferentes para solucionarlo. “Imagínate que por arte de magia ese problema que tanto te agobia ahora desaparece, ¿Qué sería diferente? ¿En qué lo notarías? ¿Qué estarías haciendo diferente? ¿Quién sería la primera persona que notaría que ya no tienes ese problema?

Es mucho más motivador hablar de lo que se necesita aprender que hablar de que tiene que solucionar un problema. Preguntar sobre qué habilidades o conocimientos tendría que aprender para ser capaz de solucionar un problema es más motivador. Esta idea, está muy desarrollada y muy bien explicada por Ben Furman en su aplicación: Kids’Skills App (está en varios idiomas, incluido en castellano).

Una forma de proyectar confianza en sus capacidades es usar un lenguaje presuposicional. Esto es hacer preguntas donde ya damos por hecho que se da o se ha tenido éxito. Por ejemplo, no es lo mismo decir “¿Has conseguido esta semana controlar tus ataques de rabia?” que preguntar: “¿En qué momentos has conseguido esta semana controlar tus ataques de rabia?”.

Durante la conversación hay que motivar para realizar pequeños cambios. Unos cambios tan pequeños que los viva como totalmente alcanzables. Así es más efectivo secuenciar las grandes metas/objetivos en otras más pequeñas y alcanzables. A medida que se vayan consiguiendo esas metas intermedias, la motivación aumenta. Por ejemplo, “¿Cuál sería para ti el primer paso que te acercase un poco más a conseguir tu objetivo final? ¿Qué empezarás haciendo?”. Solo se necesita un pequeño cambio inicial.

Un recurso que ayuda a buscar soluciones es buscar experiencias de éxito pasadas. Centrarse en esos momentos que fue capaz de resolver problemas similares. Estas conversaciones sobre éxitos pasados motivan, dan seguridad e ideas para enfrentar situaciones nuevas con soluciones ya usadas. “¿En qué momentos de tu vida has tenido situaciones difíciles? ¿Qué te ayudo en aquel momento? ¿Qué hiciste para superarlas? ¿Qué te ayudo?”

Durante la conversación, hay que tener mucho cuidado en que las ideas han de ser realizables. Si las soluciones son: “No voy a hablar”, “No me enfadaré”, “No lloraré”, preguntaremos: “Y entonces, ¿qué harás en vez de enfadarte/llorar/hablar?”. Esto orienta mucho mejor a la acción.

Durante la conversación hay que estar atento/as al efecto que produce nuestra conversación y preguntarle cómo le está resultando. “¿Te parece que te ayuda esto que hablamos?” “¿Te puede ser útil esto que estamos hablando?

Podemos ampliar la visión de la situación trayendo a la conversación puntos de vista de otras personas…Para ello podemos hacer preguntas que promuevan una reflexión sobre cómo ven otras personas la situación: “Si preguntase a tu amigo Pablo, ¿qué crees que me diría sobre lo que has hecho hoy en clase?, ¿Qué crees que le ha impresionado más a tu profesora de cómo has resuelto la situación? ¿Qué consejos te daría tu amiga Andrea para solucionar esto que te preocupa?”.

DESPUÉS DE LA CONVERSACIÓN:

 Es importante reflexionar sobre qué ha sido útil de la conversación para que en futuras conversaciones se repita. Y también pensar si ha habido algo que no ha sido útil, para no repetirlo.

Jose Vallejo Cuñado y Naia Bizkarralegorra Bravo. Educadores sociales de Bidegintza

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OBJETIVOS:

  1. Dar a conocer el método centrado en soluciones para ayudar a niños y niñas a solucionar problemas cotidianos
  2. Disfrutar de la crianza con sus hijos e hijas también cuando los niños y niñas tienen problemas o “malos comportamientos”
  3. Cambiar el enfoque de problemas a soluciones, ayudando a los niños y niñas a ser los propios gestores de sus procesos de aprendizaje, trabajando en colaboración con su red social y apoyándose en las personas adultas sin dejar de ser la protagonista.

ÍNDICE:
0. Introducción
1. Elogiar a los niños y niñas
2. Influir en los niños y niñas
3. Colaboración con otros compañeros y compañeras cuidadoras
4. Ayudar a los niños y niñas a superar los problemas
5. Alternativas al castigo
6. Malos hábitos
7. Berrinches
8. Miedos y fobias
9. Tareas escolares

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