Los conflictos, ya sea entre hermanos o entre padres/madres e hijos/as, son situaciones con las que nos encontramos día a día en la crianza y podemos llegar a vivirlos como un problema en función de cómo se vayan gestionando.  

El conflicto entre hermanos/as, por ejemplo, es algo natural y una oportunidad para que los niños y niñas puedan ir entrenando habilidades para resolverlos. Las personas adultas, sin embargo, podemos sentirnos un tanto desorientadas o desbordadas en momentos de conflicto entre los hijos e hijas. Y en lugar de tener una actitud proactiva y actuar pensando qué podemos hacer para que aprendan una habilidad, reaccionamos inmediatamente dando nuestra solución. ¿Por qué?

 

  • -Porque no sabemos cuál es nuestro papel.
  • -Porque nos “toca” emocionalmente y se nos disparan creencias que no ayudan.
  • -Porque vivimos en un estrés sin tiempo para parar.
  • -Porque, en general, tampoco hemos sido educados/as para entrenar nuestras propias habilidades sociales para resolver conflictos.

Podemos pensar que en el fondo de las peleas existe esa necesidad de reivindicar la pertenencia e importancia delante de mi hermano/a y, sobre todo, delante de mis padres/madres con los que tengo una relación de apego. A veces, de forma un poco “rara.  Es evidente que los/as hermanos/as se pelean mucho más si estamos cerca suyo en casa que si no estamos.”. Tener en cuenta esto nos ayudará a entender mejor las situaciones y actuar en consonancia.

Podemos tener en cuenta algunas claves en estas situaciones:

 

1- A priori, no inmiscuirse en el conflicto o pelea que se ha generado entre los/as hijos/as.  Ni ponerse a favor o en contra de una de las partes.

2- Describir lo que “vemos” de forma “neutral”He escuchado gritos y lloros. Veo que tenéis la cara roja y los brazos cruzados. Y hay un estuche tirado en el suelo. No sé qué más ha sucedido exactamente” Muchas veces no tenemos toda la información completa de lo que ha ocurrido en ese momento o si ha habido otros “episodios” anteriores que han conducido a este conflicto actual.

3- Recordar las normas en casa respecto a los conflictos de forma genérica, imparcial y sin “señalar” a alguien en concreto. “Es posible que haya conflictos en casa. Es posible solucionarlos con calma y hablando. No es posible hacer daño a las otras personas. “

4- Ponerles en el “mismo barco”.  Encaminarles a que sean ellos/as los que resuelvan su problema. Darles la responsabilización de que puedan ser autónomos/as en resolverlo y mostrar confianza en ello. “No sé qué es lo que ha ocurrido exactamente; confío en que seréis capaces de resolverlo vosotros mismos” “Podéis dejar de pelearos o salir afuera a resolver la pelea” “¿Queréis ir cada uno a vuestra habitación hasta que estéis listos para resolverlo o ir a la misma habitación para resolverlo?” 

5- Darles e ir enseñándoles, en todo caso, algunas ideas de cómo es posible resolver los conflictos entre personas. Y esto lo vamos haciendo:

  • Con nuestro propio ejemplo (tendremos que mirar hacia nosotros/as mismos/as y preguntarnos cómo me vivo yo en el conflicto, cómo resuelvo problemas con mi pareja, con mis compañeros/as de trabajo, con mi familia en general …)
  • Explicando y practicando algunas herramientas de resolución de problemas en el día a día familiar. Por ejemplo, hacer preguntas de curiosidad sobre cómo pueden resolverlo, proponer lluvias de ideas y diseños de planes para la resolución del conflicto por su parte, usar ruedas de resolución de problemas, crear y usar espacios de conciliación, hacer entrenamientos de solución de conflictos con juegos de rol… Si se practican reuniones familiares, por ejemplo, son una opción en la que se pueden tratar este tipo de problemas y facilitarles que puedan buscar soluciones con cierta ayuda. Hay herramientas de este tipo en algunos libros sobre disciplina positiva como los de Jane Nelsen.
  • Entrenando la habilidad de la asertividad emocional para que cada parte pueda trabajar las 3 RR en espacios de conciliación por ejemplo:
    • Resentimiento “Me siento enfadada porque has cogido mi estuche sin pedir permiso”
    • Requerimiento “Me gustaría que me lo devolvieras y otra vez que quieras coger una goma de borrar me pidieras permiso. Así me sentiría mejor
    • Reconocimiento “Disculpa si te he insultado cuando he visto que tenías mi estuche”

6- Ayuda con la gestión emocional. Es verdad que a veces, la intensidad emocional del conflicto ha llegado a un nivel en el que es necesario poder ayudarles a bajar intensidad,  “consolar” o atender el resultado de una “agresión” antes de nada  para luego abordar la resolución.  En principio, la idea es también poder ayudarles en esto, reconociendo las emociones de las dos partes y ayudándoles con un trabajo corporal a calmarse. Sin entrar a tomar parte por uno de los “bandos”. Para ello, podemos usar técnicas como la respiración, la visualización, el tiempo fuera para calmarse… Para que estas herramientas sean eficaces es necesario ir entrenándolas en el día a día. Si pretendemos usarlas sólo en un momento concreto de conflicto o desborde emocional, no serán tan efectivas. Deberían estar integradas en nuestro día a día. (en el familiar y en el personal como padre/madre) Si yo ante un conflicto de mis hijas me “desbordo” también, seré humana y, siendo humana, no les podré ayudar tanto.

En función de la edad de los/as niños/as, de su temperamento, de sus habilidades para la gestión de emociones, de cómo van cubriendo sus necesidades de pertenencia e importancia dentro de la familia y cómo podamos gestionar nuestras propias emociones y formas de resolver conflictos como personas adultas, podrá ser más fácil o difícil. Es un PROCESO DE APRENDIZAJE.

En un momento dado, después de dejarles que traten de resolverlo, podemos ser nosotros/as los/as que demos opciones para la resolución del conflicto si la cosa está un poco “enquistada” o son muy pequeños/as.  Podemos dejarles que elijan entre algunas alternativas o dar ya una cerrada si la situación está muy bloqueada.

En cualquier caso, hay que contemplar que:

  • -cada niño o niña es diferente (aun siendo hermanos/as)
  • -no se trata de actuar como “Salomón” decidiendo “yo adulta ” siempre
  • -no es cuestión de dar “lo mismo” de forma igualitaria a cada parte siempre para ser justos/as. Una cosa es la “igualdad” y otra la “equidad”.

Es decir, se busca que, en la medida que puedan, lo resuelvan por sí mismos/as o lo intenten dándoles herramientas para ello  y, si tenemos que intervenir y tomar alguna decisión, se tratará de “dar“ a cada parte lo que necesite realmente y fomentar habilidades como la asertividad emocional. 

Bea Alonso, psicóloga y formadora en Disciplina Positiva, comparte en estos vídeos para BBKFAMILY algunas ideas sobre los celos entre hermanos/as, las peleas etc que pueden ser útiles. 

 

Y, en cualquier caso, si la situación sigue complicada en el tiempo y después de usar este tipo de herramientas, tendríamos que ver cómo estamos resolviendo las necesidades de pertenencia, importancia y contribución de cada uno/a de los/as hijos/as y cuál es su situación emocional.

Bego Ruiz, psicóloga

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